Ciudadanos: ¡vista a la derecha!

Albert Rivera
Albert Rivera

Definitivamente, Ciudadanos, el partido de la regeneración y del centro, se ha situado en el campo de las derechas y la involución democrática, pactando aunque sin reconocer la evidencia de sus pactos con la extrema derecha de Vox.

La respuesta de repudio del Presidente Macron al frente de los liberales europeos no se ha hecho esperar.

En los municipios Ciudadanos tenía a mano tres oportunidades en una: confirmarse como una derecha liberal alternativa al PP, contribuir a regenerar la vida municipal y evitar la normalización de la extrema derecha. Las tres las ha desperdiciado. Da la impresión de que hará lo mismo en las CCAA y en la investidura del Presidente.

Sin embargo, el partido de la autodenominada nueva política, que más ha criticado los acuerdos de despachos y los pactos de sillones, ha cerrado acuerdos preferentes y casi exclusivos con el PP, en los despachos y a cambio de sillones.

Bienvenidos sean los acuerdos políticos, aunque algunos duelan. Bienvenida sea la política frente a la agitación, aunque no parezca el dogmatismo su mejor sucedáneo.

Aunque a veces se intente compensar con ocurrencias como el reparto a medias del sillón de la alcaldía o guiños, que más parecen muecas, a sectores tibios del PSOE.

Las líneas rojas se han convertido para Ciudadanos en invisibles y los cordones sanitarios han resultado elásticos como gomas. Convendría que cuando el cinismo político es de tan baja calidad empezara a reconocer la verdad.

Primero fueron los equilibrios a derecha e izquierda en Madrid y Andalucía como partido bisagra, a cambio de rebajas fiscales y proclamas nacionales. Más tarde vino el fracasado acuerdo de programa con Sánchez tras las elecciones de 2016.

En paralelo se produjo el fin de las veleidades social demócratas y la vinculación al liberalismo. Centro liberal decían, hoy también perdido.

Todo ello hasta que llegó la moción de censura de Sánchez contra Rajoy que provocó la pérdida de las expectativas de hegemonía electoral para Rivera que entonces parecían, a tenor de las encuestas, al alcance de la mano.

Desde entonces Ciudadanos y más en concreto su presidente, ha perdido el sentido y la dirección:

Una respuesta visceral de deslegitimación de la moción de censura y un enfrentamiento personal, casi una fobia, hacia el presidente Sánchez, con insultos incluidos.

Desde entonces se ha consolidado en Ciudadanos el giro conservador y una competencia feroz para ver quien es más de derechas, cosa que se consolidó institucionalmente en el Pacto tripartito de Andalucía y en una imágen inédita en la manifestación de Colón.

Cabe preguntarse si ha merecido la pena perder el centro para atarse a la derecha, rehabilitar el maltrecho resultado del partido Popular y maquillar a la extrema derecha, todo a cambio de una presencia de secundaria en los gobiernos locales y autonómicos. 

La última decisión de no desvincularse y desvincularse finalmente de Valls en menos de doce horas, muestra a Ciudadanos como un actor aficionado, secundario e histriónico de la derecha que necesita apuntador y que a pesar de ello, se equivoca.

Manca fineza!

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