Tras las Elecciones Generales, con la continuidad de Pedro Sánchez en la Moncloa asegurada, las diferentes posibilidades para articular la investidura dejan al PSOE en una situación de fuerza y de centralidad política, en el que el control de los tiempos está siendo un factor determinante.

El PSOE tiene como objetivo principal no dejar escapar el escenario actual y amarrar la investidura. Por lo tanto, olvídense de elecciones anticipadas, más allá de órdagos en tiempos negociadores. Ni PP ni Ciudadanos facilitarán en ningún caso la investidura, lo cual sería un suicidio ante su electorado. De hecho, los populares, a priori, saldrían beneficiados por un adelanto electoral. La apelación constante a su abstención y a que faciliten la investidura, dibuja un relato de falta de alternativas y enmarca a los de Albert Rivera en donde se han colocado por méritos propios, en el espectro de la derecha. Queda así en la narración la centralidad política y la moderación en manos del PSOE.

La suma de PSOE y Ciudadanos daría un Gobierno estable de socialdemócratas y liberales sostenido por 180 diputados. Esa opción, que en 2016 hubiese sido un sueño para muchos, hoy no es viable, ni ha estado sobre la mesa de una forma seria. El giro de Ciudadanos, ya tantas veces comentado, basado, principalmente, en un intento de maximizar votos, condicionado por su competición con el PP, hace que esa opción haya quedado descartada. No obstante, asistimos a diversas presiones mediáticas y fácticas sobre Rivera. Los agasajos que estos días recibe Manuel Valls hay que entenderlos en esta línea.

La reclamación de la abstención de la derecha, y la negación de la misma, facilitan el camino hacia el Gobierno con Podemos, más nacionalistas y regionalistas. En este momento, no se trata tanto de articular una mayoría estable, sino de sacar adelante la investidura. Descartada la abstención de la derecha, las combinaciones pasan por la abstención de ERC o de EH-Bildu. Abstenciones a cambio de nada (como la de Valls en Barcelona), pero que ofrecerían al bloque de la derecha munición suficiente para explotar durante los próximos meses y buena parte de la legislatura.

En cualquier caso, los apoyos que si son imprescindibles son los de los 42 escaños de Unidas Podemos. El principal escollo es así, el intento por lograr el respaldo de los de Pablo Iglesias, sin otorgarle a este el Gobierno de coalición. El término de ‘Gobierno de cooperación’, aparte de crear un punto de partida, busca evitar un Gobierno de ambas formaciones, lo cual no conlleva que en el próximo ejecutivo no vaya a haber personas próximas a la órbita de Podemos, pero siempre bajo la dependencia de un Gobierno socialista y no compartido. Esa es la clave.

La presencia de Iglesias ?o de cualquier dirigente fuerte de Podemos? en el ejecutivo es improbable por lo que supondría. En un Gobierno de coalición, en el que se gobierna conjuntamente, no habría una subordinación estricta y cualquier discrepancia profunda estaría abocada al colapso de la coalición. El conflicto catalán, donde la postura territorial de Podemos dista profundamente de la del PSOE, es un escollo. Por otro lado, Podemos podría verse tentado de dinamitar o tensar la coalición según fuese concluyendo la legislatura con el objetivo de coger distancia de cara a la contienda electoral.

Ante este escenario, la oferta de secretarías de Estado o subsecretarías, busca delimitar el marco en el que tiene lugar la negociación entre socialistas y morados. Iglesias acierta en exponer el poder de exigir puntos programáticos desde dentro del Gobierno, por esa mutua dependencia ya apuntada, a la vez que asume la correlación de fuerzas actuales entre ambas formaciones. Precisamente, ambos partidos cuentan con situaciones internas muy diferentes, lo cual es otro factor a tener en cuenta.

Mientras tanto, la política española se configura en bloques de izquierda y derecha en los que el multipartidismo ha quedado atrapado. También queda ya atrás, aquella transversalidad de la que hacía gala la nueva política y que algunos éxitos le otorgó. Aunque España, a nivel nacional, sigue siendo todavía una anomalía en cuanto a Gobiernos de coalición, estos se suceden tanto en las comunidades autónomas como en los ayuntamientos. Es precisamente, en estos niveles, en los que la correlación de fuerzas entre PSOE y Podemos queda especialmente retratada durante las últimas semanas. En todas las Comunidades Autónomas donde gobernará el PSOE como socio mayoritario, el minoritario (o uno de ellos) es siempre Podemos.

En definitiva, será cooperación o no será, dada la posición de fuerza y centralidad política que ocupa el PSOE ante la investidura.

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Investidura y centralidad política