Pactos con mil ausentes al fondo y una Manada en el redil

OPINIÓN

22 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Los números redondos tienen algo de remanso. Si las cosas que se suceden son algo que fluye, cuando se acumulan hasta juntar un número redondo parece que ese flujo se detiene en remolinos perezosos e invita a la recapitulación y la búsqueda de sentido. Se llegó a mil mujeres asesinadas desde 2003. Un número redondo, que se refuerza con unos pactos políticos en los que se discute si eso es una tragedia, un fastidio o solo cosas que pasan; y con un Supremo que tuvo que decidir si en España es legal violar.

Decir que PP y C’s están pactando con la extrema derecha a veces resulta demasiado abstracto. Concretemos. Están pactando negar que ese número redondo de mujeres muertas constituya un fenómeno del que haya que ocuparse. Pactan dejar de poner medios y esfuerzos para combatir la violencia machista. Por supuesto, nadie va a negar que esas mujeres murieron asesinadas. Lo que pactan es negar que esas muertes tengan algo de particular y que haya un patrón violento específico, negocian el abracadabra que hace desaparecer la violencia machista diluyéndola en hechos inespecíficos (la maldad, la locura, el crimen). Y le añaden algunas mezquindades para simular razonamiento.

Insisten en la obviedad de que es igual el asesinato de una mujer que el de un hombre, como si hubiera alguna ley que diga otra cosa. La violencia machista es muy distinta del terrorismo, en génesis y procedimientos. Pero, como son dos formas de violencia sistémica, el recuerdo del terrorismo ayuda a reconocer lo evidente. Un crimen siempre fue un crimen, lo cometiera ETA o un delincuente común. Cuando las leyes tipificaron cierta violencia como violencia terrorista, no agraviaron a unas víctimas respecto a otras. Simplemente, establecieron que se trataba de una violencia con un patrón diferente que no se podía enfrentar con los recursos normales. Si se hubiera negado la existencia del terrorismo y se hubiera pretendido enfrentar el problema con la vigilancia policial normal, ETA se hubiera hecho con el territorio en unos meses. Que una mujer mate a un hombre es delincuencia común a la que se hace frente con los recursos y procedimientos normales. Que se asesine a una mujer por su condición de mujer (por razones sexuales, de posesión, de dominio o similares), en la familia o fuera de ella, es la reproducción de un patrón muy complejo de violencia que necesita de una acción policial, legal, judicial y educativa específica. Tan crimen es uno como otro, pero uno es sistémico y necesita procedimientos y recursos especiales para ser enfrentado. Esto lo entiende hasta Toni Cantó.