Diez

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Kiko Huesca

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez. Diez. Diez violaciones. En un portal. No fue un fiestón. Fueron diez violaciones. Diez. No fue abuso, fueron diez violaciones. No fue una película porno, fueron diez violaciones. Anales, bucales y vaginales. Diez. Así lo proclama por unanimidad el Tribunal Supremo que zanja con reproches la bochornosa peripecia en la que un juez de Pamplona llegó a considerar las diez violaciones de esta manada del San Fermín un jolgorio. O diez jolgorios. Así es. Un magistrado en activo dedujo que lo que la jauría del Prenda le hizo en un portal a su víctima era una secuencia en un filme de bukakes, una orgía con una mujer «relajada y distendida» sin atisbo alguno «de oposicio?n, rechazo, disgusto, asco, repugnancia, negativa, incomodidad, sufrimiento, dolor, miedo, descontento, desconcierto o cualquier otro sentimiento similar».

Lo escribió en su voto particular un magistrado González a quien ahora censura a lo grande el Supremo en una sentencia que es mucho más que un acto de justicia; es también un alivio colectivo, un suspiro de tranquilidad porque el sistema tiene aún mecanismos para aislar al juez González, que es el mismo que en el 2015 le preguntó a una violada si había cerrado bien las piernas; el mismo que en Sevilla en 1779 envió a la hoguera a la última bruja, María de los Dolores López, por desobediente y persistente; el mismo que introdujo tras el golpe de Estado de Franco el «privilegio de la venganza de la sangre» que hasta 1963 autorizaba a los maridos españoles a matar a una mujer adúltera; el mismo que en 1976 juzgó a una en Zaragoza por irse con uno que no era su marido. Conocemos a los jueces González, hay que decirles que lo del portal de Pamplona fueron diez violaciones. Diez.