Conseguirán aturdirnos

OPINIÓN

29 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Es normal cansarse cuando uno corre o hace esfuerzos. Pero el agotamiento al que se llega casi quieto o con poco movimiento, como en las pinacotecas o en Hipercor un sábado por la mañana, es un agotamiento físico y mental, es cansancio con aturdimiento, como si los pensamientos se hicieran demasiado gruesos para deslizarse y se embutieran como grasa en la cabeza. Parece que nuestros representantes están jugando a eso, a fatigarnos con unas negociaciones espesas como un caldo gordo e insípido, hasta que se nos olviden las elecciones, desaparezcan los últimos ecos de la campaña y en nuestro aturdimiento ya no sepamos qué queríamos que pasara cuando votamos. Seguramente los más inocentes de este desgaste son los de C’s.

Ellos fueron los primeros en fatigar nuestra inteligencia con el trile de formar gobierno con PP y Vox y a la vez negar que estén pactando con Vox. Se apoyan en Vox en Andalucía para echar a un partido que llevaba mucho tiempo en el poder con ilegalidades y malas mañas. Y se apoyan en Vox en Madrid para mantener a un partido que lleva mucho tiempo en el poder con peores ilegalidades y mañas dignas de una banda. Pondrán enseguida en la Presidencia madrileña a una persona que, desde ese partido y con esas mañas, puso a buen recaudo sus bienes mientras nos endilgaba a los demás las deudas de su familia. Para quitar a los corruptos y para mantenerlos, siempre suma con Vox y nunca pacta con Vox. La volatilidad y la absoluta falta de principios de C’s hizo pensar a la gente que Rivera era un político sin escrúpulos capaz de todas las incoherencias con tal de llegar al poder. Unamuno había dicho de este tipo de políticos que, contra lo que se decía, eran los políticos más coherentes, que solo conocían la causa de su propia ambición y la servían de manera insobornable. Pero ni eso se cumple. C’s se apartó de la regeneración, se apartó de la moderación, se apartó de la fiabilidad, pero no por el poder. En realidad, por nada. Se infectaron de ultraderecha solo para dar al PP el poder en algunos feudos donde ellos serán solo segundones. Dieron tales bandazos que ya parecen aquel Maestro de las Pistas que se Bifurcan de Torrente Ballester, un espía que urdía tramas de tal complejidad, que estuvo varios meses persiguiéndose a sí mismo sin darse cuenta. Por eso son ya inocentes de este aturdimiento nuestro. Son ellos los que están ya aturdidos. Solo desde el embotamiento se puede entender que Aguado le pida a Ángel Gabilondo que se abstenga por altura de miras y permita que gobierne el PP en Madrid. Cuando alguien le dice a quien ganó las elecciones que se abstenga para que gobierne quien las perdió sin necesidad de buscar apoyos, es que está ya aturdido, le aprietan los zapatos y ya no puede ver un cuadro más (por cierto, lo de Madrid es demasiado grave para que Errejón no confunda la transversalidad con el contorsionismo; lo último que necesitamos es que él también se aturda).

Sánchez parece pretender que poco a poco las negociaciones sean un playoff que haga tabla rasa de las elecciones y que con una demora tan cansina no nos importe. Hay tres cosas que Sánchez no puede permitir que ocurran porque serían una pésima señal del estado de nuestra democracia. La primera es que no puede haber otras elecciones. Eso indicaría que nos representa una generación de políticos preocupantemente incompetentes para hacer lo mínimo que se les encomienda. Los parlamentos de 2015 y 2016 eran perfectamente normales para formar mayorías. Y el actual da un resultado aún más sencillo de administrar. Sería una señal funesta la evidencia de estar representados por incapaces.