La mujer que no quiso quedarse al margen

Adrián Arias

OPINIÓN

Tita Caravera, en el centro, durante una de las movilizaciones de la Plataforma por el Plan de Vías
Tita Caravera, en el centro, durante una de las movilizaciones de la Plataforma por el Plan de Vías

29 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Para la joven que llegaba a Gijón desde un pequeño pueblo como Caravia en los años 70, lo fácil hubiera sido quedarse al margen. Dedicarse a sus hijos, a su compañero y a lo que en la época se hacían llamar «labores del hogar». En definitiva, lo fácil hubiera sido ser «una buena mujer», tal y como se concebía en aquellos años en los que soplaban vientos de una libertad que quedaba a las puertas de las masculinidades, impuestas sin mayor argumento.

Pero las inquietudes y la voluntad de aquella mujer eran más fuertes que cualquier cortapisa que una sociedad pueda poner. Haciendo verdaderas piruetas y fruto de la casualidad iniciaba su activismo en el siempre activo movimiento de padres y madres. De repente, se vio delante de asambleas multitudinarias y al frente de decenas de reinvindicaciones a las que hacer frente. Sin miedo alguno y con esa fuerza inquebrantable que nunca le falta, se puso a la tarea con compromiso y tesón.

Llegaron pronto también los tiempos del feminismo, de las redes de mujeres, del encuentro de miles de experiencias de compañeras en los inicios de el hoy aún activo «Femenino y Plural» y del compromiso vecinal desde la perspectiva feminista en las Vocalías de la Mujer.

Ella siempre entendió el movimiento vecinal como una pasión, una pasión dura y sacrificada, pero al fin y al cabo pasión. Como la pasión con la que cuenta su famosa anécdota de cómo bajaban a Madrid de madrugada, en un viejo y pequeño coche, a las reuniones vecinales Juventino, Pepín y ella. Mostró con orgullo a nivel nacional el trabajo de las Mujeres Vecinales en Gijón y sus Vocalías. Puso palabra de mujer al movimiento vecinal gijonés en los debates de la Confederación Estatal junto a varios dirigentes gijoneses y asturianos, todos hombres, que aunque cercanos seguían gozando de un espacio público que a las mujeres les seguía costando un mundo conquistar.

La mujer que no quiso quedarse al margen continuó con su labor y en un momento que la Federación de Asociaciones Vecinales de Gijón pasaba una importante crisis, decidió dar un paso adelante y construir un proyecto renovador con el que recuperar el espíritu vecinal en nuestra ciudad. Lo intentó, lo trabajo y lo consiguió. Puso los cimientos de una realidad visible, de un movimiento ciudadano que hoy le debe mucho más de lo que podemos llegar a imaginar. Por ello, en su día a la FAV le fue otorgada la medalla de plata de la Villa bajo su mandato y hoy ella misma recogerá la medalla de plata en reconocimiento a una trayectoria digna de ese galardón.

Aunque muchas personas ya sabrán de quién les hablo, la mujer que no quiso quedarse al margen, se llama Bernardita Caravera Bada o como será siempre conocida, Tita.