El centro de Ciudadanos


Si Ciudadanos pretendía llamar la atención, lo ha conseguido, sin duda. Pero aún no se sabe si el nuevo rumbo de Rivera acabará por ser el mejor para su partido, en origen liberal, reformista, regenerador, centrista, etcétera. Porque todo le estaba yendo bien, desde cuando no se cansaba de alcanzar acuerdos con Sánchez para intentar desalojar a Rajoy de la Moncloa. Luego, todo fue cambiando, cuando Sánchez fraguó acuerdos con independentistas y nacionalistas, y alcanzó la presidencia del Gobierno. Ciudadanos entonces comenzó su nueva singladura con determinación. Algo había cambiado en la cabeza de su líder.

¿Se puede decir que ha descarrilado el proyecto de Ciudadanos? No, seguro. Pero es cierto que ha empezado a escenificar con inusitada prisa su reconversión en el instrumento de un líder que parece anteponer (como antes hizo Sánchez) la ambición de poder a la fidelidad, a los principios fundacionales y a las prioridades del actual contexto político español y europeo. Y todo esto ha ocurrido en pocas semanas, un tiempo en el que Rivera ha trazado un rumbo y ha desencadenado una espiral de control del partido que ha provocado el alejamiento de algunos próximos, entre ellos, su propio candidato a la alcaldía de Barcelona, Manuel Valls, que se salió del guion al ofrecerle sus escaños a Colau. Tal vez ese día hasta Valls lo hizo mal, por no explicárselo en tiempo y forma al líder de Ciudadanos. Pero Valls no es un cualquiera.

¿Ha descarrilado el proyecto liberal de Ciudadanos? No. Aunque es cierto que algunos cambios todavía no han sido asimilados por todos los suyos o encuentran resistencias internas. Pero el programa básico del partido no ha cambiado, y quizá conviene releerlo para ver que es así. Rivera ha creado tensiones entre los suyos y ha dado golpes de autoridad, pero no ha roto los planteamientos básicos. Su programa sigue en pie, anclado en el centro del espacio de las ofertas políticas. Pero ha de cuidar el rumbo del partido si quiere evitar riesgos de crisis. Porque esta sí que sería una mala noticia para el equilibrio de fuerzas en España. Y Rivera lo sabe… O debiera de saberlo.

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