Hasta siempre chatín


Hace poco más de un año coincidí con Arturo Fernández en la ceremonia y posterior cena y fiesta de los Premios GAVA, otorgados por ACICCA (Asociación Cluster Industria Creativa, Cultural y Audiovisual de Asturias). Yo estaba allí porque mi amigo Santi Alverú estaba nominado a mejor actor -Premio que se llevó- y él porque le entregaban el GAVA de honor por toda su carrera.

Cuando subió al escenario para agradecer tal distinción, el Campoamor rompió a aplaudir. Allí había congregada gente muy diversa, de todos lados e ideologías, pero reconocían al unísono y con una ovación la gran labor, dedicación y profesionalidad de Arturo Fernández; que no se bajó del escenario hasta que la enfermedad le forzó, irreversiblemente, a ello. Durante el discurso, además de agradecer el galardón, se quejó de que el tripartito le vetaba en las fiestas de San Mateo y la posibilidad de representar sus obras en la capital asturiana, a él que tantas veces había llenado los teatros ovetenses. Fernández nunca escondió su filiación política, era un hombre tradicionalista y de derechas, siempre se posicionaba de forma clara, y esto le causó más de un estrago y problema. Su estrecha amistad con Gabino de Lorenzo, los vínculos con el Gabinismo (que es una forma de gobernar, más que una época) y sus declaraciones contra la izquierda hicieron que no tuviese una despedida a su altura de esta ciudad a la que él quería y que le acogió como hijo adoptivo.

En la posterior cena y fiesta, a Arturo se le veía algo inestable y lánguido al caminar, pero seguía luciendo un aspecto muy cuidado y ese bronceado perpetuo que sólo luce la gente que a esta vida ha venido a veranear. Iba acompañado de su mujer, que no le quitaba ojo: quizá por su edad y los achaques o porque aún mantenía intactos los dotes de galán. AF bebía güisqui en un vaso ancho y bajo, creo que con dos piedras de hielo, y apoyado saludaba a todos los que nos arremolinábamos a su lado. Le veías y portaba un áurea de actor dorado de un tiempo pasado.

Arturo Fernández ha sido el último galán del cine español, y hoy nos ha abandonado a los 90 años. Con él se ha ido un tipo de hombre, una forma de estar en la vida y de interpretar, y una parte de esa España que con su trabajo y esfuerzo consiguió pasar del mono mahón de trabajo a las americanas a medida y el pañuelo de seda. Descansa en paz Arturo, hasta siempre chatín.

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Hasta siempre chatín