Su mirada es tan cristalina como las aguas del río Cares, en las que han bebido sus ancestros paternos, y su porte tan elegante, que podría ser una alumna aventajada del taller parisino de la genial Cocó Chanel.

Mar Sánchez lleva la distinción y la dignidad tan a flor de piel, que resulta imposible no reparar en el torrente de su personalidad indómita y rebelde con causa.

Siendo muy joven, la tragedia personal golpeó con dureza a Mar y a su hermano Pedro. El padre de ambos, el barrenista Pedro Sánchez Torre, fallecía en 1993 en el Pozo María Luisa, con tan solo 47 años, cuando le quedaban dos meses para prejubilarse. Aquel drama marcó para siempre la vida de estos dos hermanos.

Andando el tiempo, ella sería minera y él también. Mar formaría parte de la primera y última generación de mujeres mineras de pleno derecho en la minería asturiana, a finales del siglo XX y principios del XXI. Pero el camino no fue fácil, y, pese a los avances sociales de más de un siglo, tuvo que luchar duro por el reconocimiento de su estatus laboral y personal. Y lo logró, vaya si lo logró.

Pero de nuevo la fatalidad, o como quiera que queramos llamar a esa zona sombría del destino, se cruzó en su ruta vital, y un grave accidente de coche, la apartó de la actividad minera, que tanto amaba y sigue amando.

Cuando conocí a Mar Sánchez, yo que desciendo de la esclavitud minera asturiana, supe que estaba ante una persona ejemplar y una luchadora sin límite.

Mar Sánchez pasea las profundas heridas y lesiones de la vida como una especie de top model en una pasarela existencial, etérea y luminosa. Porque Mar irradia luz y buenas energías. Irradia dulzura y claridad.

Cuando veo a Mar, me rebelo por dentro contra tanta injusticia contra el carbón. Esta energía buena, amigable, natural, económica, ecológica y segura está siendo interesadamente demonizada, y condenada a una muerte indigna y lamentable…

Así que cuando veo a Mar, la siento como una metáfora en carne y hueso de las bondades de la minería, y es que su postura vital es tan firme, tan valiente y tan segura, que me lleva por los senderos de mis sueños y vivencias de infancia.

Mar Sánchez. Genio y figura. Valor e inteligencia. Humanidad a tope. Orgullo de pertenencia a la familia minera. Siempre en el corazón el recuerdo de su padre, Pedro. Siempre.

A veces me imagino que la minería es una diosa, una diosa protectora y honesta, de regazo cálido como el de una madre, de rostro afable y amoroso, de voz nítida y contundente. Una diosa con un pensamiento libre y revolucionario, siempre al lado de los desfavorecidos y de los abandonados por todos. Al lado de los que no tienen voz, o de los que directamente no son escuchados.

Y esa diosa minera, en mis sueños y en mis anhelos, toma la figura, el ingenio y los principios de Mar Sánchez.

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Mar Sánchez, la diosa minera