Lo llaman negociar


La negociación política en España se ha convertido en un descarado juego de intereses en el que cada cual está yendo a lo suyo, aunque no siempre acabemos de saber con precisión lo que quiere cada uno. Y no lo digo como reproche, porque sé que la política también consiste en estos procesos. ¡Pero no debiera quedar solo en eso!

 El proceso poselectoral español ha sido -y sigue siendo- tan largo, caótico y extraño que aún quedan Gobiernos por conformar en distintos ámbitos. ¿Logrará Pedro Sánchez los apoyos necesarios para sumar una mayoría sólida al frente del Gobierno? ¿Seguirá Ciudadanos inasequible al desaliento en su rechazo a negociar con el PSOE… y con Vox? ¿Aceptará Podemos no estar representado en el Consejo de Ministros? ¿Y qué sucederá con los Gobiernos que aún quedan por formar -o reformar- en distintos ámbitos? Sumen a todo esto los pactos o desacuerdos con fuerzas independentistas y tendrán una oscura -pero cierta- visión del panorama político en España.

Es cierto que el Partido Socialista, además de estar en el Gobierno del Estado, ha tejido un amplio poder regional gracias a los pactos. Ciudadanos y el Partido Popular también han sumado lo suyo, pero lo están complicando con el desacuerdo sobre la forma de acordar o no acordar con Vox por parte de Albert Rivera.

Por su parte, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, no cesa de recordarle a Sánchez que «donde hay respeto al aliado hay Gobiernos».

Dijo el presidente Trump que «toda negociación comienza con un no. Por lo tanto, debes empezar pidiendo siempre más de lo que quieres y ofreciendo menos de lo que puedes ofrecer». ¿Están nuestras fuerzas políticas todavía en ese trance?

Es verdad que se ha avanzado, pero ya conviene salir del dilatado galimatías. El propio Pedro Sánchez parece convencido de ello y probablemente a él le corresponderá decidir. Porque los demás no parecen estar en condiciones de hacerlo, sobre todo desde que Ciudadanos se negó a un pacto con el PSOE, que parecía gozar de amplio respaldo. Pero Rivera está en una apuesta a largo plazo con los votantes de centro y aledaños. Y mientras, la casa sin barrer. La realidad es que urge dejar de chapotear en el pantano. Es lo que toca ahora.

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