¿Es homófobo pedir el apoyo de Cs?

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Seguramente muchos de ustedes habrán oído hablar alguna vez de la teoría de los seis grados de separación. Básicamente, la idea desarrollada en 1930 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy defiende que cualquier persona de la Tierra está conectada con cualquier otra del planeta mediante una cadena de conocidos que no supera los cinco intermediarios, ligando por tanto a ambos individuos con solo seis enlaces. Estudios posteriores han probado la veracidad de esta teoría. Y con el desarrollo de las redes sociales, esos pasos se han reducido a solo cinco. Si esto sucede entre una población de 7.300 millones de habitantes, es ridículo pensar que en un microcosmos como el español, cuando se ha normalizado la participación en la vida política de una fuerza como Vox algún partido pretenda estigmatizar a cualquiera que gobierne gracias a sus votos sin estar él mismo contaminado de alguna manera en muy pocos pasos.

 En la fiesta del Orgullo LGTBI, por ejemplo, Ciudadanos sufrió vejaciones, insultos y agresiones por haber formado gobiernos de coalición con el PP gracias a los votos de Vox. Poco antes, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, había señalado públicamente a Cs diciendo que lo que ha hecho «debe tener consecuencias». Pero claro. Si Cs es homófobo por gobernar gracias a los votos de Vox, aunque no asuma para nada sus postulados en esa materia, también el PSOE sería un partido homófobo por haber pactado con Ciudadanos en numerosos ayuntamientos. Y lo sería también Pedro Sánchez por pretender gobernar España gracias a la abstención de un partido homófobo como Cs. Y si el PSOE es homófobo, también lo sería EH-Bildu por haber apoyado en la moción de censura a un homófobo como Sánchez y por dar el Gobierno de Navarra al PSOE, que pacta con unos homófobos como Ciudadanos, que a su vez pactan con unos homófobos como el PP, que firman acuerdos con homófobos como Vox. Y ahí tenemos ya a EH-Bildu y Vox conectados en solo cinco pasos en base a esa ridícula teoría de la homofobia contagiosa, Y haciendo el camino a la inversa, Vox sería cómplice en cinco pasos de EH-Bildu, que no condena la violencia de ETA.

Que un ministro del Interior afirme que debe haber «consecuencias» contra un partido a pocas horas de que este acuda a una concentración con cientos de miles de personas es una irresponsabilidad manifiesta. Y que la izquierda condene con la boca pequeña las agresiones pero al tiempo las justifique diciendo que la presencia de Cs era una «provocación» es intolerable y convierte a las víctimas en culpables, como tantas veces hemos visto. Pero, sobre todo, hace un flaco favor a la causa y al colectivo LGTBI, en su inmensa mayoría tolerante e inclusivo, al que se usa como arma arrojadiza para la confrontación. Aunque ni el PP ni Cs son homófobos, toda crítica política es válida. Pero impedir por la fuerza que un partido acuda a una marcha a solidarizarse con lo que juzgue oportuno, o justificar que se le ataque, es el principio del fin de la democracia.