Ana Patricia (y otros vampiros)

OPINIÓN

12 jul 2019 . Actualizado a las 17:34 h.

Por el aturdimiento al que llevan sus éxitos, Ana Patricia (Botín-botín) sería la candidata de ensueño para el hipotético cargo de Alta Representante del Capital para la Península Ibérica, Hispanoamérica y Tierras Vírgenes. Cuenta con tan cuidados, finos y puntiagudos colmillos que incluso las yugulares altamente calcificadas son penetradas con la misma facilidad que el aguijón del insecto desflora a la tierna flor.

Aparte del banco flamígero, los negocios de esta vampiresa se diversifican como las raíces del eucalipto, que dejan sedienta a la tierra circundante. Ejemplo diversificador: el seguro del hogar. Usted lo contrata con Generali Seguros (no le hablan en italiano: no deje de contratarlo por eso) y se le estropea el tapón-pulsador del lavamanos; les llama y le dicen que esa reparación no entra en el apartado de Fontanería (como tampoco, por obvio, en el Eléctrico o el Catastrófico --ah, ni en el que titulan, con aguda sinceridad española, Chapuzas, que incluye dos birrias anuales, número cuasi infinito que usted todavía mantiene a cero--, y es entonces cuando es posible que exclame: «¡pero qué boludo seguro he firmado!»).

Parece razonable también que usted interrogue: cómo es posible, es un taponcito, pequeñito y nada agresivo, y le responden que sí, que es posible, y fin de la conversación. Si recapacita, o se enerva, y les envía un correo, no recibirá respuesta y, por descontado, no le llamarán para que «valore la calidad del servicio». La cuestión de la valoración, extendida entre el Capital, es una genialidad: el consumidor hace la función de control del personal gratuitamente, ahorrándose él (el Capital) costes de seguimiento y vigilancia de las chicas del teléfono. A las del Santander les es imposible coger el teléfono antes de veintitantos o treinta y tantos minutos (y con suerte: llame al 915123123, a modo de test para saber qué cantidad de paciencia posee usted), porque, Ana Patricia, ¿cuántas contratadas tiene con las nalgas selladas a las sillas y cuántas llamadas reciben al día? Y ya que estamos preguntones, Ana Patricia, ¿todavía le duran las risotadas de la estrategia de la Cuenta 123, que, mordisco a mordisco, la ha dejado en la Cuenta -123? Y con la palabreja «Digilosofía», ¿cuánta sangre se ha tragado a costa de la ya desnutrida Filosofía en su travesía por la supermegaera digi?