El triunfo de la moderación


El Centro de Investigaciones Sociológicas hizo un trabajo muy entretenido y de éxito mediático, aunque no sé muy bien para qué sirve: una encuesta para saber qué tipo de gobierno queremos los españoles. Digo que no sé para qué sirve porque no veo yo al presidente Sánchez guiándose por los resultados para intentar su investidura. Se apoyará en quien pueda y se deje, quizá en Podemos porque ha vuelto a llamar a Pablo Iglesias, pero la coincidencia entre sus deseos y las opiniones del CIS es una pura coincidencia: siempre dijo, y ayer lo reiteró en Los desayunos de TVE, que Podemos era su socio preferido; su socio natural, dijo en alguna ocasión. Si hubiera salido Ciudadanos como preferido para la coalición, ¿se esforzaría Sánchez en convencer a Rivera? Creo que no.

Me parece más interesante otra revelación: la proclamación de vencedores de los debates en la campaña de las elecciones generales. Y han sido dos, por este orden: Pablo Iglesias y el propio Pedro Sánchez. Recordemos que Pablo no estaba en su mejor momento de imagen y recordemos también que Pedro no tuvo su mejor actuación, ni mucho menos. ¿Qué es pues lo valorado por los encuestados?

Hagamos memoria: Iglesias sorprendió por su templanza. había estudiado perfectamente el escenario, sabía que la irritación en televisión nunca es aplaudida por el espectador, que la crispación provoca el rechazo de los votantes, y se propuso sencillamente no asustar. Y así fue el actor de éxito que convirtió a su personaje en el anti-Pablo que habíamos visto antes de la campaña con su discurso demagógico contra los grandes empresarios, los dueños de medios de comunicación y todos los poderosos. Aquel discurso daba miedo, y solo era válido para tratar de enardecer a su público. El cuidado mensaje del debate presentaba al hombre apacible y bondadoso que solo buscaba la concordia. Le funcionó.

Pedro Sánchez, segundo clasificado, tuvo intervenciones poco brillantes, sin ningún titular, pero también sosegadas, sin aristas y preparadas para mantener un tono presidencial. No fue tan efectista como Iglesias, pero los encuestados le concedieron la medalla de plata. En cambio, los dos más agresivos, los señores Casado y Rivera, no gustaron al personal y el personal los apeó del podio. Ignoro la influencia que todo eso tuvo en el voto porque Ciudadanos subió y Podemos bajó, pero cabe pensar que Rivera pudo haber dado el sorpasso si hubiese tenido un tono más centrado. Pablo Iglesias salió de las catacumbas en que lo había metido la casa de Galapagar. Si eso ha sido así, estamos ante una buena noticia: el pueblo español desea y sigue premiando a los moderados. Ante un futuro ciertamente complejo, espero que sirva de lección.

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