Sánchez e Iglesias frenan a tiempo


Tras 80 días de nada, el vértigo negociador. Sánchez e Iglesias han estado compitiendo al juego del gallina, a ver quién levantaba el pie del acelerador antes de caer al abismo. Ambos han frenado in extremis. El socialista ha cedido al aceptar la coalición. El líder de Podemos se ha retirado de la carrera por la vicepresidencia, que era su objetivo. ¿Quién ha ganado y quién ha perdido si finalmente, como es de esperar, hay acuerdo? Ambos ganan mucho más de lo que pierden. Sánchez obtiene el premio gordo, la presidencia del Gobierno, que unas nuevas elecciones habrían puesto en riesgo, ya que las tres derechas le podrían haber desbancado. Pero fracasa en su intento de gobernar en solitario, a la portuguesa, y da visibilidad y legitimidad a su gran adversario en la izquierda. Iglesias no será vicepresidente, pero todo indica que sus hombres de máxima confianza, con Irene Montero a la cabeza, conformarán un gabinete paralelo potente y numeroso, que él controlará desde fuera. En un momento de caída libre electoral de Unidas Podemos, cohesiona sus filas y, además, queda como un mártir al dar un paso atrás. Sin duda, un éxito, que podría suponer el punto de partida para la recuperación. A Sánchez se le presenta un escenario complicado, con ministros de Unidas Podemos que no quiere y de los que no se fía y dependiendo de ERC, todo por la cerrazón de Rivera, que ha mantenido el cordón sanitario al PSOE mientras pacta con la ultraderecha. Ahora, tendrá el camino libre para atizar y desgastar al presidente por unos pactos que él podría haber evitado. Lamentablemente, su ambición personal y cálculo político han pasado por encima del sentido de Estado.

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