Quedan retratados

OPINIÓN

El candidato socialista, Pedro Sánchez, siguiendo desde su escaño la intervención de Pablo Casado.
El candidato socialista, Pedro Sánchez, siguiendo desde su escaño la intervención de Pablo Casado. Guillén

23 jul 2019 . Actualizado a las 18:02 h.

Sea cual sea el resultado final del intento de investidura de Pedro Sánchez, lo ocurrido en las últimas semanas nos deja un balance que debe de resultarnos cuando menos preocupante. Por la falta de miras de altura de nuestra clase política, por la escasa categoría de cada uno de los líderes, por la carencia de capacidad de diálogo y por la ausencia de un proyecto que no sea el de derribar al adversario porque sí. Pero, por encima de todo, debe de preocuparnos porque lo que están logrando unos con la cerrazón, los otros con la soberbia y los de más allá con su incapacidad es dañar nuestra democracia. Que ya bastante necesitada de ayudas de este tipo está.

No parece estar claro si fue Aristóteles o Maquiavelo quien dijo que la política es el arte de lo posible. Lo que sí parece más cierto es que fue un español quien corrigió a los clásicos asegurando que la política es el arte de lo imposible. Y viendo la confraternización de Sánchez con Casado, de Iglesias con Sánchez y de Rivera con Sánchez, Casado, Iglesias y el mundo mundial, acertó plenamente.

De quienes aspiran a dirigir nuestras vidas esperamos sensatez, responsabilidad y capacidad de diálogo. Pero nada de esto existe. Sería demasiada benevolencia, y sobre todo erróneo, considerar que lo visto en los últimos meses es por la inexperiencia de nuestros dirigentes. Pero no. Es producto de una falta de respeto absoluto hacia quienes los mantenemos. Sabemos de antemano que sus posturas son inamovibles; que solo pretenden destrozar al de enfrente y que, por buscar, ya ni buscan justificarse ante el electorado.

Puede que Sánchez salga investido. O no, que diría Rajoy. Pero de todo este espectáculo quedan tres conclusiones claras. Están dañando, aún más, nuestro sistema democrático con tanta irresponsabilidad. Los intereses de los ciudadanos ni se asoman. Y quedan retratados. Todos. Y eso es con lo que tenemos que quedarnos. Para cuando nos vuelvan a convocar a las urnas.