Sepultemos el ferragosto

Turistas
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Ya no queda rastro de aquellos veranos solitarios de Oviedo, de siesta y misa de siete. La ciudad era un desierto, un islote de cemento gris y ladrillo rojo. Tampoco hace tantos años pero así eran las cosas: el sopor de la tarde, la grisura del anochecer, el éxodo de ida y vuelta hacia la playa, la presencia despistada de algún turista que se dejaba caer por Oviedo y descubría sus joyas en voz baja. El silencio de la capital de provincia, el ferragosto. No hace tanto de todo ello pero parece que ha pasado una vida entera, extenuada. Oviedo ya no es eso. Solo falta pasear a diario por el cogollo para descubrir que el pasado está sepultado y que el presente es otro. Es decir: turistas españoles de acento sureño y de otras muchas nacionalidades,  italianos, alemanes, ingleses o franceses que buscan la sustancia de esta ciudad milenaria o en un selfi afortunado. Que buscan la historia (el prerrománico, la Catedral, el Arqueológico, la Universidad, el casco viejo), el arte (el magnífico Bellas Artes), las tiendas de Uría y su entorno, la fabada y el cachopo pero también pasear por una ciudad amable, limpia y segura. Que permite comer y beber en una oferta de nivel. Porque Oviedo es el escaparate de la gastronomía asturiana y sobre los hosteleros debe caber esa responsabilidad. En el trato, en la materia prima, en los precios, en la calidad final.

Así es que vemos a diario una marabunta de turistas, guiados o sin guiar, en grupo, familia o en solitario, que husmean una ciudad antes ignorada y que ya está ante los focos. Oviedo no se escapa de la globalización (pese a la carestía de enlaces aéreos) y se beneficia de una España verde pujante. Es una nueva dimensión turística, ajena al flamenquismo, la tumbona y la paella: una línea que va de Santiago a Bilbao, con hitos jacobeos o el Guggenheim de Gehry. Oviedo vende otros valores. Ya son historia aquellos tiempos en los que la hostelería aprovechaba agosto para tomarse unas vacaciones previas a San Mateo. Ahora el resultado es este: hoteles con alta ocupación, pisos turísticos llenos, terrazas y sidrerías a rebosar, estaciones llenas de maletas y mochilas y guías turísticos non stop. Diversidad, turismo y negocio.

En este número de Ovetenses, la revista gratuita de La Voz de Asturias, hablamos también con Álvaro Ruiz de la Peña y de sus historias de Oviedo y con Esteban y de sus historias del Oviedo. El profesor de la Universidad de Oviedo recrea anécdotas de una ciudad ya inexistente. El exguardameta rememora su pasado en el club azul con orgullo y con un cierto resquemor. Dos entrevistas obligatorias. Además, los ovetenses aprovechan para ponerle deberes al nuevo alcalde, Alfredo Canteli, también recorremos La Corredoria, un barrio en expansión y recreamos la nueva movida musical asturiana, que aspira a algo más que a una canción del verano. Lean y descansen.

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