Naranjas son los salvavidas


Me gusta Ciudadanos porque está como presente. Presente en su cruzada por la causa patriótica, tan simbólica como electoralmente rentable a nivel estatal. Tan presente en los aspavientos de su victimismo paradójico, cuando denuncia ser perseguido mientras convierte en anatema todo lo que no sea la defensa de la unidad de la patria; cuando acusa al PSOE de criminalizar a los «constitucionalistas» mientras llama «banda» al Gobierno y de estigmatizar a media España mientras arroja todo a lo que está a su izquierda a un abominable aquelarre de separatistas, radicales y criminales.

Me gusta porque el giro destropopulista de su estrategia permite que casi nadie se lleve a engaño dando por buena la autodenominación de «liberal-progresista» con la que pretendían abarcar una buena parte del centro ideológico. Se ubican meritoriamente en un neoliberalismo patriótico que provoca reacciones alérgicas en el grupo liberal europeo al que están adscritos, por la multiplicación de sus alianzas con la extrema derecha.

Tal vez la frustración de sus expectativas de ser alguien políticamente determinante han llevado a Alberto Rivera a adoptar un papel de histrión anti-nacionalista que le confiera el liderazgo de la derecha que las urnas le han denegado, regalando a Casado un papel de conservador sosegado. Porque, para incendiar, los populares han encomendado la piromanía que antes ejecutaran Rafael Hernando o Vicente Martínez-Pujalte, entre otros, a Cayetana Álvarez de Toledo. Sus fuegos, premeditadamente, nos dificultan ver el avance del desmantelamiento de derechos y libertades en honor a un mercado que no deja de presionar para acelerar la transferencia de recursos públicos al sector privado. La libertad con la que se les llena la boca solo será para quien pueda pagarla; porque sin protección pública y con coerción económica no hay libertad.

¿Cómo reflotar la nave popular que se hunde por el peso de la corrupción y el saqueo de lo público? Pues, por ejemplo, lanzando un salvavidas en forma de nuevo partido liberal regenerador que ondee la bandera de un «constitucionalismo» que, a su vez, legitime su estrategia electoral. Un constitucionalismo lesivo empeñado en blandir el artículo segundo, unificador de la patria, y el punitivo artículo 155 para azuzar el nacionalismo de todo pelaje: catalán, vasco, español. Porque, a fin de cuentas, es la derecha quien rompe España por el efecto de retroalimentación de los nacionalismos: los discursos de confrontación y exclusión se necesitan; crecen por oposición entre sí. Pero vamos a ver, ¿quién ha hecho más por el robustecimiento del nacionalismo catalán que Aznar, Rajoy o Rivera? Así, así, ¡así gana Madrid!

Si este «constitucionalismo» dedicara una pequeña parte de su esfuerzo para salvaguardar la indisoluble unidad de la Nación española a los artículos consagrados a los derechos y libertades del Título I, probablemente España no sería el segundo país de la Unión Europea, detrás de Rumanía, en tasa de pobreza extrema (6,9%). Porque habría mejor protección pública y un acceso más equitativo a la riqueza. Pero claro, Ciudadanos ha resultado ser el salvavidas naranja confeccionado para proteger el mecanismo de control establecido por el poder económico para tutelar al poder político. Un salvavidas que intenta mantener a flote la correlación de fuerzas que, por ejemplo, protege a los fondos de inversión inmobiliaria que especulan con la vivienda, mientras cada vez son más las familias que son despojados del derecho a una vivienda digna y adecuada (art. 47 de la Constitución Española). En estos casos, la Constitución ya tal…

Véase el caso de la Comunidad de Madrid. Que la corrupción aflore sin fin no es obstáculo para que se abrace al PP. El argumento de que la incorporación de Ciudadanos a la coalición de gobierno con un partido de honda raigambre delictiva va a conseguir que este último se regenere sería de una ingenuidad enternecedora si no fuera puro cinismo. Por eso Ciudadanos contribuye a que uno de esos chiringuitos que pretendía erradicar, Avalmadrid, que Ignacio Aguado definió en abril como un «chiringuito pensado para unos pocos» con una «estructura muy opaca que rezuma irregularidades» oculte información que podría desvelar las mamandurrias que señalan a la candidata popular a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Lo que Ciudadanos está haciendo por el PP no tiene precio. O sí.

Y Pedro Sánchez, mientras tanto, dedica estos días de agosto a decidir en qué lado de esa correlación de fuerzas sitúa al PSOE.

¿Y la próxima semana? La próxima semana hablaremos del gobierno.

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