La guerra entre Tebas y Rubiales


Desde el sentido común, el gran conflicto que envuelve hoy en día al fútbol profesional no sería tal. ¿Qué sentido tiene la existencia de una Liga de Fútbol Profesional que no tenga potestad para poner los horarios de sus partidos? Y no ya por el hecho de que esos horarios sean fundamentales para optimizar los ingresos de televisión, sino por pura lógica. Hablamos de partidos de profesionales y de que existe una organización que se encarga de los clubes profesionales. Que la Federación pudiera tener un mayor poder que la Liga en las cosas de la propia Liga sería tan absurdo como que la Liga carecería de razón de ser.

Sin embargo, hay tal embrollo que las cosas, a nivel legal por lo menos, parece que no están tan claras. O sí lo están, pero hasta que la lenta justicia resuelva todo parece un lío. La resolución del juez de no permitir partidos los lunes y sí los viernes ha sembrado más dudas y ha dado una apariencia de que la federación de Rubiales está ganando la partida a Tebas, por lo menos de momento. Y algo de eso hay porque cualquier cosa que cuestione la exclusividad organizativa de la Liga es un triunfo de Rubiales.

Rubiales dice buscar el bien del fútbol federativo que tanto presume de defender, pero la realidad es mucho más prosaica. Y desde luego poco tiene que ver con los valores de que tanto habla el dirigente. Ahora mismo solo hay dos cuestiones en la cabeza de Rubiales: poder y dinero. Quiere obtener más de treinta millones de euros por la firma del convenio con la Liga a cambio del fútbol los viernes. No es otra cosa, pretende lograr más de lo que tiene hasta ahora, que no es poco. Y pretende también minar a Javier Tebas. De momento está fracasando en su intento de echarle encima a los clubes. Quiso negociar con ellos aislando al presidente de la Liga, pero los clubes han respondido casi unánimemente y no negociarán con él si no está Tebas delante.

Rubiales lleva cuatro días como presidente de la Federación y trabaja como si no hubiera un mañana por ampliar sus cotas de poder y la recaudación de dinero. Su ambición comienza a atisbarse como su peor enemigo en un horizonte en el que ahora mismo parece poco probable que aparezca un rival que le discuta la presidencia de la RFEF. Pero a Rubiales le queda mucho por delante para alcanzar los logros que su enemigo ya ha conseguido en la Liga. Bajo la presidencia de Tebas, los clubes se han saneado, la deuda con Hacienda está casi pagada, los estadios se están arreglando y los clubes ingresan muchísimo más dinero que hace apenas cinco años, siendo los grandes beneficiados los más modestos. Clubes como el Eibar jamás soñó con manejar presupuestos de más de cincuenta millones de euros.

Mientras, Rubiales ha inflado la plantilla de la federación con la contratación de más de cien personas, se subió el sueldo como una de sus primeras medidas, se ha rodeado de abogados y ha montado todo tipo de líos. Pero conociendo al personaje, todavía montará muchos más.

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