Buscar novia


Esto no es un cuento; esto fue una forma real y continuada en el tiempo. Una práctica habitual en Asturias. La emigración se ensañaba en las propias carnes de las aldeas, sobre todo de las alas. El único recurso económico lo constituía una milenaria agricultura y una ganadería todavía familiar. Las industrias lácteas llegarían después. La televisión ya estaba llegando a la capital. En cambio los pueblos, todavía sin luz, vivían la larga noche del otoño-invierno muchas horas envueltos en la oscuridad de la angosta vivienda apretados unos a otros los miembros de aquellas familias numerosas.

En ese contexto, todo el que podía iba a América: México, Argentina, Santo Domingo. Cada zona o parroquia acudía al reclamo en función de los primeros aventureros que dieron el salto del océano y luego poder ir reclamando a los suyos, llegando aldeas a diezmar su población por la «lacra de la emigración».

Me cuenta, mi amiga Alicia, que su primo Manolo Ya, indiano de pro y entrado en años, le tocaba la hora de formar hogar, y ello conllevaba buscar novia. Como todo buen asturiano que se precie, regresó a su Allende natal. Se tomó sus respectivas «vacaciones» en la elección de su prometida. El asunto no era fácil. Iban pasando los días y la cosa no prosperaba, hasta que un buen día se celebraba en la villa un acto especial: dar la bienvenida a la maestra. Allí se fue, previa invitación del Sr. Alcalde. La cosa prosperó.

El buen mozo que era Manolo acude al evento y hay sorpresa. La maestra sale de «la fiesta» acompañada de otra joven más joven. Les sigue la pista, pero no consigue hablar con ellas. Paciencia, tiene recursos económicos y de trato. Se informa quiénes son, donde viven. Y, decidido, frecuenta lugares comunes, se hace el encontradizo. Y todo sigue su ritmo. Por fin un día hay intercambio de saludos, requiebros y, por supuesto, una primera cita.

Ellas, se informa Manolo, son de Trubia. La mayor 20 años, 17 la pequeña, la compañía. Sus queridos y responsables padres no quieren que su tierna hija quede a merced del primer galán que le tire los tejos. Para ello hacen que le acompañe su hermana como escudo protector. La lección tienen bien aprendida: no subáis a ningún coche ni solas ni en compañía.

Manolo, usa el recurso del aiga, pero ni por esas pican. No desfallece en su intento, prolonga las vacaciones cuanto tiempo precise. Había llegado en agosto, finalmente en enero del año siguiente su objetivo está cumplida. Embarca hacia su Santo Domingo con la promesa cumplida. Manolo ya tiene novia: de Trubia es la afortunada. Volverá siguiendo el protocolo y la mujer con él vivirá en Santo Domingo «el resto de sus días».

Lo que os he contado es real, real como la misma vida. Ella es hermana de la mujer (la maestra) de Luis, que en paz descanse, compañero de Historia y amigo mío. Coincidimos en una comida en casa de Alicia y, al hablar de nuestros trabajos, resultó que qué pequeño es el mundo: Alicia había invitado a dos matrimonios que en el discurrir de la comida llegaron a descubrir que tenías personas queridas en común.

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