La historia interminable de Argentina


La derrota de Macri en las primarias de Argentina, y la alta probabilidad de que las presidenciales de octubre ratifiquen este aviso, amenazan con reiniciar el círculo vicioso de la política argentina, que ha convertido en un foco de desigualdad, pobreza y desorden político a uno de los países con más recursos del mundo. La esencia de este círculo infernal es la dialéctica que define la relación entre los ascensos y caídas del populismo peronista y las consiguientes esperanzas de ajuste y estabilización que se han frustrado desde la primera crisis del peronismo (1952-1955) hasta hoy.

Esta dialéctica se desencadena durante la crisis que sufrió Argentina hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, que, muy agravada por la injerencia norteamericana gestionada por Spruille Braden, dio a Perón su primera presidencia en 1946. El famoso general, muy influido por los autócratas de la época, puso en marcha un Estado providencia que, basado en la teoría de la autarquía, que parecía hecha para un país tan despoblado y tan rico como Argentina, desarrolló un programa de reparto de rentas y capitales que, al mismo tiempo que creaba sensación de ‘milagro económico’, justicia social y promoción de la mujer, introdujo en la economía todos los vicios y problemas que anclaron a Argentina a un mundo que ya estaba desapareciendo, evitó todas las reformas estructurales que eran necesarias, y asentó la ineficiencia del sector público y privado que siguen definiendo la realidad del país.

De esta forma, cada vez que una Argentina exangüe hace inviable la continuidad del Estado providencialista, toma el relevo un gobierno -a veces democrático y a veces militar- que se ve obligado a realizar fuertes políticas de ajuste, que generan sensación de pobreza y desigualdad, indignan a las clases medias que sufren ese ajuste, abren la vía electoral al regreso del populismo, y frustran los intentos de reforma estructural en la medida en que se habían desarrollado. Y así -¡vuelta la burra al trigo!- hasta que llegó Macri, que, por llegar precedido por la gran crisis financiera de 2015-2018, que había castigado duramente a Argentina, parecía tener todas las lecciones aprendidas. Por eso se generó la esperanza de que las clases medias, en vez de seguir cabreándose periódicamente con los que afrontan los ajustes, se indignasen esta vez con los que arman las crisis, el caos monetario, el desorden financiero, los déficits y las deudas públicas que abocan a la quiebra del país.

Pero esa idea de las lecciones aprendidas se acaba de hundir con la derrota de Macri en las primarias, y con el nuevo empoderamiento del populismo que se adivina para octubre. Y todo empieza a oler a que Argentina, lejos de culminar bien sus reformas, se va a convertir en el modelo que empiezan a seguir muchos países en sempiternas vías de desarrollo y en perpetuo asentamiento de una democracia titubeante. Y eso, visto el mundo que vivimos, dibuja un horizonte más pesimista de lo que hasta hoy habíamos imaginado.

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