Calenturas políticas de ferragosto


El 15 de agosto, sobre todo si cae en puente, representa en toda Europa el centro de las vacaciones caniculares, el momento en que se toman un descanso hasta los que no las disfrutan. No hay país en que sea más sagrado que en Italia, por eso lleva todavía un nombre de la antigüedad clásica. Lo tradicional es que sesteen hasta los políticos, algo que suele agradecer la ciudadanía, pero parece que en este anómalo 2019 no han podido escapar a los efectos del cambio climático, son ya demasiados meses de calor como para no sufrir una calentura. Sus efectos se agravaron, sin duda, porque el auge del populismo de derechas ha provocado un cambio de clima político tan peligroso como el atmosférico y no conoce las estaciones, jamás se enfría.

Fue en Italia donde la fiebre subió más grados. Es un país devoto de la comedia, como bien sabe cualquier aficionado al cine o al teatro, aunque, se vio en los años veinte y treinta o en los setenta del siglo pasado, en el terreno de la política no siempre discierne dónde está el límite que si se rebasa conduce a la tragedia. El señor Salvini, ministro del interior, en medio de una campaña política en bañador por las playas del país, anunció que presentaría una moción de censura ¡contra su propio gobierno! Eso sí, sin dimitir. Con su finezza característica, invitó a diputados y senadores a mover el culo y votarla en ferragosto, sin caer en la cuenta de que ni era el jefe del estado ni presidía las cámaras. Parece, según leo en la prensa italiana, que, finalmente, don Matteo se olvidará de una censura que probablemente perdería. Mientras tanto, el señor Grillo, padre espiritual del movimiento Cinco Estrellas y quien había facilitado que Salvini y su Liga entrasen en el gobierno, hace un llamamiento a salvar a la patria de los nuevos bárbaros, los mismos a los que él se la había entregado. Así cayó el imperio romano.

Lo bueno de las mejores comedias italianas es que su final es imprevisible. Todo es posible, desde que barbari y grillini se reconcilien, aunque, por cómo se insultan, parece poco probable, hasta una coalición de estos últimos con el PD o una parte de ese partido, si, como amagó Renzi, se escinde. También se habla del recurso al «gobierno técnico», propuesto por el presidente de la república. Lo que ahora resulta más improbable es que, como quería Salvini, se convoquen elecciones de inmediato.

La cara trágica la ofrecen los inmigrantes, atrapados por la brutal demagogia del liguista. Tiene razón en que es inaceptable que la UE haga recaer el peso del problema sobre Italia, España, Grecia y Malta, especialmente cuando Italia y Grecia sufren todavía una mala situación económica, Malta es un país muy pequeño y España no está entre los más ricos de la unión. Pero una cosa es pedir un compromiso solidario de Europa y otra avivar en su país los peores sentimientos de la gente y despreciar la vida humana. Por cierto, aquí en España, Ciudadanos es un partido tan moderno que, para sumarse plenamente a la moda populista, ha fichado al señor De Quinto, tan grosero y deshumanizado como un buen liguista italiano. El paso del nacionalismo a la xenofobia siempre fue pequeño.

Si el protagonismo ferragosteño se le puede conceder a Salvini, el señor Trump tampoco quiso quedarse muy atrás. La propuesta de comprar Groenlandia no pasa de ser una estupidez irrelevante, mucho peor es lo que está provocando su política comercial o la irresponsable ruptura del acuerdo con Irán, pero, como debió parecerle poca cosa, tomó la decisión de pedirle al gobierno de Israel que impidiese la entrada en el país a ¡dos diputadas norteamericanas! Es difícil que una institución como la presidencia de EEUU pueda llegar a un descrédito mayor, lo peor es que casi medio país sigue apoyándolo y que en todo el mundo, incluso aquí entre determinadas plumas de siempre agresiva escritura y políticos del mismo jaez, encuentre simpatizantes.

En España también hubo ocurrencias, como la del señor Casado y su aristocrática portavoz parlamentaria de resucitar la Confederación Española de Derechas Autónomas, ellos que ven frentes populares por todas partes. Asombra igualmente que determinados medios, los que todavía alimentan la teoría de la conspiración sobre el 11M a pesar de que el caso ya haya sido juzgado, se rasguen las vestiduras porque les hayan nacido gemelos en Cataluña.

También producen extrañeza los argumentos con que la izquierda y algunos medios han criticado el nombramiento de Enrique López como consejero de justicia de la comunidad de Madrid. No fue apartado del tribunal que debía juzgar los casos Gürtel y Bárcenas por ser un delincuente, sino porque es afín al PP. Se puede discutir si esa afinidad notoria lo hace apropiado para, por ejemplo, formar parte del Consejo General del Poder Judicial o del Tribunal Constitucional, aunque, por desgracia, no es algo inhabitual en ningún partido intentar situar allí incluso a militantes, o para juzgar sin prejuicios casos en los que esté implicado el partido, pero no lo inhabilita ni para ser juez ni para tener un cargo político. Exactamente igual que sucede con los jueces afines al PSOE, como Grande Marlaska, a IU o a Podemos. Tampoco puede alegarse que sea causa de proscripción permanente que un día, hace años, haya bebido más de la cuenta.

En cambio, la izquierda española decidió tomarse vacaciones para lo que de verdad es importante: formar gobierno. Eso sí que es una irresponsabilidad.

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