Un galego que se hizo asturiano

Anxo Ferreiro agradece las muestras de cariño recibidas por la familia tras el fallecimiento de su hermano

Félix Ferreiro
Félix Ferreiro

Somos la familia de Félix. Queremos dar las gracias a tantos asturianos que habéis compartido nuestra profunda pena por su muerte. Nos habéis emocionado con vuestra compañía tan sincera, en la celebración con palabras amigas, poema incluido, y los cantos del coro Son Astur del que Félix formaba parte. Hemos quedado, en medio del dolor, gratamente sorprendidos por la estima en que teníais a Félix, como quedó patente en los medios de comunicación cuyos reportajes sobre los trabajos de Félix, agasajos que ha recibido, cargos que ha desempañado a lo largo y ancho de toda su vida en Asturias. Y todas estas demostraciones no solo nos han sorprendido sino además han mitigado esta separación definitiva por vuestra condolencia tan solidaria. 

Como gallegos estamos orgullosos de que Félix, sin menospreciar sus raíces maternas de Galicia, o incluso precisamente por eso, se hiciese profundamente asturiano, llegase nada menos  que a formar parte de la Academia de la Llingua Asturiana, y a trabajar en la cultura popular del «asturianu». Para nosotros, pues, es un gran orgullo que Félix haya dejado su humilde, aunque importante, impronta, «güella», que ya resulta imborrable en Asturias.  Disfrutaba en las vacaciones falando galego, «que mal sonaba -nos escribía- falar coa mamá en castelán».  Como experto en el tema de la llingua eo-naviegu o el astur-leonés, nos daba pie para  discutir sobre la alternancia del astur-galego. Ocasión oportuna para impartir su lección sobre filología de ese tema. 

Estábamos al tanto de su política desarrollada siendo jefe de política lingüista y jefe del servicio de coordinación del Plan Regional sobre Drogas, donde aparecían las cualidades de su vocación de maestro de la enseñanza.  

Mi relación personal con Félix, además de fraterna, en todos los sentidos de la palabra, me llevó también a acercarme a la Historia de Asturias, concretamente a la Memoria Histórica. En la Casa del Pueblo de Oviedo, organizó la presentación de mi libro Consejos de Guerra contra el Clero Vasco 1936-1944. Ya antes me había proporcionado un encuentro con Domingo Benavides, sacerdote fallecido hace pocos años, ya desde entonces amigo de corazón, quien me encaminó al encuentro de Maximiliano Arboleya Martínez, sacerdote que luchó por hacer que la Iglesia viviese los problemas del mundo obrero donde él se movía con prestigio y comprometido en los momentos críticos de la República. Luego durante la guerra civil sufrió hostigamiento del franquismo y murió en el ostracismo en su casa de Mieres, en 1951. Aprovecho esta ocasión para dejar patente mi admiración hacia este sacerdote. Ha dejado un archivo de su documentación que Domingo me decía iba a pasar al Archivo Diocesano de Oviedo. Todo esto lo deja claro el trabajo de Domingo en: Fracaso social del catolicismo español y Maximiliano Arboleya 11870-1951, un luchador social en las dos Españas, libros indispensables para conocer los sucesos de Octubre de 1934 y la Iglesia de esa época. Todavía estamos esperando la publicación del epistolario del fondo, que Domingo me decía estaban preparando en Roma, y que podrían clarificar mucho ese tiempo conflictivo.

Todavía tengo que añadir el interés con que siguió Félix nuestro encuentro de Redes Cristianas celebrado en  Gijón, con un homenaje al sacerdote asturiano, Gaspar García Laviana, y dado su estado de salud no se atrevió a asistir en aquellos días próximos al Nadal de 2018. 

Con todo esto queremos manifestar que Félix será para nosotros un recuerdo enraizado y vivo con sus amigos de siempre en este país asturiano.

Reitero mi agradecimiento a todos los que han aceptado a nuestro hermano como un ciudadano más de Asturias.

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