El problema no está en la definición de izquierda o no del PSOE, está en cómo lo caracterizamos dentro del campo popular

OPINIÓN

25 ago 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

La reflexión política sobre los proyectos populares tiene la particularidad de que siempre se realizan en vivo desde la lucha de clases y actualmente el del carácter del PSOE se sitúa dentro del debate sobre sí o no al gobierno de coalición entre PSOE y UP. La forma en la crítica y la autocrítica dentro de la izquierda obrera y popular es clave para un desarrollo autónomo del proyecto político alternativo de proyección socialista y, por eso, el ejercicio de la crítica tiene su propia lógica en el tratamiento. Fidel Castro, en la conferencia de intelectuales cubanos en junio de 1961 en la Biblioteca Nacional, lo resumió perfectamente «dentro de la revolución todo; contra la revolución nada». Es decir, que según como planteemos la crítica, ésta nos sitúa dentro o fuera del proceso revolucionario, independientemente de la fase en la que se encuentre y de su nivel de desarrollo. La crítica debe servir para la unidad del campo popular y partir de la rigurosidad, elementos sustanciales de la crítica como instrumento constructivo.

Parto como ejemplo de la reflexión de los artículos «Resituarse» de Julio Anguita (I) y (II), como referente de la izquierda en la ética y en la consecuencia en su quehacer político y porque encuentro en ellos los reflejos de las posiciones, también de dudas, de amplios sectores de la izquierda populista y comunista. Sin negarle veracidad en la mayoría de los argumentos que sitúan como fondo, encuentro desarrollos de una crítica errónea en la metodología del análisis, por la exclusión que se hace de su interrelación con el campo popular y en consecuencia en la definición y tratamiento final sobre el PSOE.

Nadie desde la perspectiva histórica y con conciencia de clase aceptaría la tesis de que la dirección del PSOE que salió del congreso extraordinario de septiembre de 1979 (donde abandona el marxismo) es de izquierdas, pero no deja de serlo por eso, sino por las políticas que desarrollan de deslizamientos a la derecha, que surgen de un proceso previo en el PSOE situado en el XIII Congreso de Suresnes en octubre del 1974, donde se encubra la nueva dirección futura con Felipe González como secretario general, que posibilitó que durante la transición la oligarquía mantuviera su hegemonía absoluta en los aparatos del estado sin coste ninguno del genocidio planificado contra el pueblo durante la guerra civil resultante del golpe de estado franquista. Modelo de transición regida por el desarrollo de una legislación que nos homologaba a Europa en cuanto a un mínimo de estado de bienestar y derechos civiles como el divorcio o el aborto, siempre dependiendo de la empresa privada para su beneficio, pero nos insertaba en un nuevo modelo productivo que era el objetivo principal, basado en unas relaciones laborales regidas por las directrices tayloristas de producción, donde la movilidad, flexibilidad, polivalencia, precariedad y despido libre, son la resultante de un proceso de reconversión salvaje del sistema productivo centrado en lo público, para concentrarlos en las manos de los actuales monopolios privados.