Pobre el país que ignora sus leyes

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

10 sep 2019 . Actualizado a las 14:47 h.

¡Pobre nación la que cada poco tiempo tiene que recordar a sus habitantes que las leyes se hacen para ser cumplidas y acatadas! ¡Pobre, más pobre todavía, la nación donde hay gobernantes que deben ser advertidos por otros poderes del Estado de que las leyes y las sentencias judiciales se acatan! ¡Y pobre, lamentablemente pobre, la nación donde el incumplimiento de las leyes y el desacato a quienes tienen la obligación constitucional de hacerlas cumplir se ha convertido en incívica costumbre y en desafío al Estado de Derecho que se puede practicar desde la impunidad!

Ayer escuché las llamadas que la Fiscal General del Estado y el presidente del Poder Judicial hicieron en ese sentido. Después leí los comentarios de lectores en las ediciones digitales de diarios de Cataluña y resultaron descorazonadores. Esos comentarios tienen la importancia que tienen, muy poca, pero muestran peligrosísimos estados de opinión: hay sectores de la sociedad que defienden que no hay que obedecer leyes que desconocen la realidad de Cataluña; no hay por qué acatar una sentencia —la del juicio del procés— que esos escribidores y quienes los inspiran ya han calificado como injusta. La simpatía y la identidad ideológica han descabalgado los más elementales principios jurídicos.

¿Y quiénes son los responsables? Quienes predican que la democracia está por encima de la ley; quienes afirman cada día que solo aceptarán una sentencia absolutoria; quienes incitan a sus bases para que respondan a la Justicia con huelgas, paralización de servicios, actos de desobediencia cívica o, como tuvo la osadía de proponer el señor Torra, con imitación de las protestas de Hong Kong, que costaron más de 1.200 millones de euros en la caída de ventas y en cancelaciones turísticas.