Hagámosle el amor al miedo

El único futuro es ecologista y feminista

Protesta en la plaza de la Escandalera de Oviedo
Protesta en la plaza de la Escandalera de Oviedo
Verónica Álvarez

Saltan las alarmas de nuevo por la emergencia climática este viernes 27 de septiembre, un «Friday for Future» cargado de reivindicación y juventud en defensa de los ríos, mares, árboles y especies, en definitiva, de nuestras vidas. En Asturies no nos quedamos mirando las noticias, salimos también a la calle para decir que este también es nuestro planeta y lo vamos a proteger; el ecologismo y el feminismo se unen en defensa de la vida, alianza entre dos movimientos que se evidencia en esta jornada. 

Si algo está marcando la agenda política internacional es la crisis climática y ecológica actual, la más global y apremiante de los últimos tiempos. Actualmente disponemos de datos suficientes e innegables sobre este riesgo ambiental creciente: aumento de las temperaturas, pérdida de biodiversidad y ecosistemas, eventos climáticos extremos, entre otros. Los incendios también son otro paradigma de la capacidad destructiva del ser humano. Recientemente pudimos contemplar la pérdida del Amazonas y hogar de las comunidades indígenas, o, sin ir más lejos, las pérdidas de miles de hectáreas de bosque autóctono asturiano, y con ello árboles monumentales, aldeas, y especies. La comunidad científica y los movimientos ecologistas llevan años alertándonos de un problema que ya no ignoramos.

Asturies también forma parte de este mundo que estamos destruyendo. Casi a diario conocemos noticias y denuncias del aumento de la contaminación, sobre todo en las grandes urbes. La totalidad de la población, incluyendo a las personas que viven en el medio rural, respiramos aire contaminado, y coincidiendo con estos picos de contaminación, también observamos el agravamiento de enfermedades pulmonares. Estamos presumiendo y vendiendo un paraíso natural, que no sólo estamos contaminando, sino que también estamos despoblando, y a este ritmo este edén no será eterno. Y esto nos lleva a que no podemos olvidarnos del territorio vaciado, el medio rural, de donde proviene nuestro sustento. Estamos concentrando el 80% de la población en un 20% del territorio, y con ello perdemos nuestra capacidad de producción, provocando un aumento de la huella de carbono, ya que los alimentos tienen que viajar miles de kilómetros hasta llegar a nuestras neveras y despensas.

Pese al catastrofismo que estos datos pueden significar nos quedamos con algo que dice la autora ecofeminista Yayo Herrero: la catástrofe no son los datos reales, la catástrofe sería no hacer nada ante estos mismos. Y por eso, estos últimos años también ha destacado en el panorama político mundial las huelgas feministas internacionales del 8 de marzo y, más recientemente, las huelgas mundiales por el clima. Las jóvenes decidimos actuar frente a la destrucción progresiva de nuestro planeta y de nuestras vidas, y nos tomamos en serio las palabras y las luchas de Yayo Herrero, Greta Thunberg, u otras activistas ambientales que les precedieron como Vandana Shiva, Wagari Maathai o Berta Cáceres, esta última brutalmente asesinada por defender su territorio, como otras muchas.

Y son estas huelgas las que están ofreciendo las claves políticas del momento actual consiguiendo evidenciar, a su vez, la crisis de la economía, la ecología, la política y los «cuidados», que nos ejemplifica que el actual sistema es contrario a nuestras vidas. Algo primordial, además, es que explican a la sociedad que el actual proyecto neoliberal ha fracasado. Esto se demuestra porque nuestro sistema de producción se basa en la destrucción abrasiva de nuestro planeta y, con ello, la desaparición de un gran número de ecosistemas y especies, lo que provoca desplazamientos y migraciones forzosas de muchas personas  hacia realidades precarias como el caso de las Jornaleras de la fresa en Huelva, entre muchos otros. Está fracasado porque la mercantilización de la vida se asienta en la violencia estructural constante hacia las mujeres, personas LGTB y migrantes, en la destrucción de nuestras comunidades, de nuestros lazos relacionales y en la invisibilización del trabajo de cuidados; un sistema que carga contra el cuidado de lo común y contra los cuidados que nos mantiene vivos día tras día.

Sin embargo, lejos de las tristezas, hemos decidido canalizar nuestra rabia para vivir estas crisis como un momento de despertar político; pensar de forma colectiva, conectar luchas, ampliar la solidaridad y a través del ecologismo y el feminismo, y la huelga como elemento de ruptura y de reivindicación como sujetos políticos, ser palanca de transformación por una sociedad más justa, igualitaria y sostenible y por un modelo de vida que merezca la pena ser vivida. Exigimos viviendas dignas, porque es un derecho constitucional; una red de transporte público digno, que no discrimine a nadie, viva en el lugar en el que viva, y que incluya al medio rural, esa España que quieren vaciar; empleos de calidad, que nos permitan cuidar y ser cuidados; soberanía alimentaria, porque la agricultura es la única cultura que practicamos tres veces al día; y que no seamos las mujeres las que sigamos sufriendo en mayor proporción esta crisis con responsables concretos y políticas solo para unos pocos.

Como dice Nancy Fraser: feminismo y ecologismo nos ayudan a redefinir nuestras esperanzas y a expandir nuestro sentido de lo que es posible, y como coreaba un grupo autoorganizado de mujeres colombianas frente al paramilitarismo y la guerra que arrasaban con todo su territorio: ¡Hagámosle el amor al miedo! Cambiemos lo que solo beneficia a unos pocos mientras destruyen nuestro planeta, nuestras relaciones y nuestras vidas. 

¡Por un futuro feminista y ecologista que ponga la vida en el centro!

* Manuel Franco Pire es activista en Fridays for Future Asturies; Verónica Álvarez Cachafeiro es geóloga y activista en 8M Asturies y Sara Combarros García es activista en 8M Asturies.

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