El macho alfa y el suave seductor


Iglesias siempre parece enfadado, menos cuando se pone el disfraz de Fray Pablo y predica la buena nueva de la Constitución, el máximo logro del régimen del 78, del que abomina. Cuando habla diríase que te está echando la bronca o dando lecciones de politólogo sabelotodo. Da imagen de prepotente y soberbio. Errejón parece el yerno perfecto que nunca ha roto un plato (aunque haya dinamitado Podemos desde dentro), alguien que trata de convencer con un discurso amable y nada agresivo, y se esfuerza en aparentar que no está en posesión de la verdad. Iglesias es el que acusó en el Congreso a Felipe González de tener el pasado manchado de cal viva mientras pretendía negociar con Sánchez. Errejón es el que, sentado en su escaño, puso cara de tierra trágame cuando oyó a su jefe lanzar ese ataque brutal al expresidente. Iglesias es el digno heredero de Anguita, que siempre ha considerado al PSOE el enemigo político principal. Errejón es el adalid de la transversalidad neoperonista, que aspira a recoger votos de todo el espectro político, dejando a un lado la ideología. Iglesias ha reducido el discurso de Podemos a una sarta de tópicos, Ibex, cloacas, banca, y a presentarse como la pieza mayor a abatir por los poderosos. Va de víctima y azote del sistema. Ambos fueron furibundos bolivarianos. Errejón apuesta ahora por el ecologismo y el feminismo, las dos grandes banderas del progresismo actual. Va de posibilista, empático y moderado. Iglesias rechazó una vicepresidencia y tres ministerios. Errejón los habría aceptado. Iglesias es el populismo izquierdoso y camaleónico. Errejón es el populismo pijo. Iglesias es el macho alfa que va de malote (cuando le interesa). Errejón, el suave seductor.

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