Malditos o benditos móviles de empresa


Existe algo que se llama Big Four y lo forman las cuatro grandes consultoras del mundo. Es algo así como la Ivy League de las consultorías. La elite. Pues una de ellas, KPMG ( las otras son PriceWaterhouseCoopers, Ernest & Young y Deloitte) ha decidido quitarle el móvil de empresa a parte de sus empleados para ahorrar costes en el Reino Unido. La decisión abrirá debate y podría crear tendencia. El móvil de empresa es un objeto que se mueve entre la maldición y la bendición. Tenerlo se supone que es un beneficio, pero básicamente convierte tu vida en todo lo contrario: un infierno. Cuando menos, el purgatorio. Estás conectado las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, los 365 días del año. Toque guardia o no. Las empresas empezaron extendiéndolos como desarrollo tecnológico y lograron así poco a poco la total dependencia del que recibía el objeto como golosina. Para las empresas también son un arma de doble filo. En algunos trabajos se hacen necesarios. En otros es obvio que pueden provocar cierta relajación en las jornadas. Y en todos los casos es imposible no utilizarlo para llamadas propias, deslindar todas las comunicaciones puede volver loco a cualquiera. No sé si KPMG conseguirá que los móviles de empresa empiecen a morir en aras del ahorro en las cuentas. Pero lograrán que a quien se lo quite se sienta en peligro, ¿lo siguiente será que me echan?, a la vez que otra parte del cuerpo del afectado respirará aliviada. Al fin volveré a tener hora de salida del trabajo. Recuerdan aquello tan hermoso que sucedía en el pleistoceno laboral que cuando uno se iba se iba a casa se iba a casa de verdad. Sin sobresaltos ni conexiones que exprimen e invaden cada minuto.

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