Los bordes y sus borderías


E n la edición española de La chica que vivió dos veces, de David Lagercrantz, publicada hace unas semanas, el traductor pone en boca de uno de los personajes esta descripción de otro: «Magnánimo y generoso, pero también malvado. Podía hacerte la pelota solo para, al minuto siguiente, soltarte una bordería». El significado de bordería parecía claro, pero el lector, que se topaba por vez primera con esa palabra, echó mano de los diccionarios. De los seis u ocho consultados, solo aparece en el María Moliner y en el Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos. La Academia ya ha dado pasos para llenar la laguna en el suyo y bordería aparecerá en una próxima revisión del DLE.

Bordería es, como seguramente ya ha deducido el lector, si no lo sabía antes, un dicho o un hecho propio de un borde, que es una persona antipática e impertinente: «Le suelta la mayor bordería que se recuerda en First Dates -leemos en un periódico- y su cita explota». Existe la variante borderío, usada sobre todo en Andalucía, pero que en general se emplea mucho menos. La escuchamos en una cadena de radio que al informar sobre el carnaval de Cádiz dice sobre una chirigota: «Primer cuplé que rematan con un borderío».

El borde ‘orilla’ procede del francés bord, y este del franco bord ‘lado de la nave’. Pero el borde que suelta borderías procede de otro bord, catalán, que es el ‘bastard’ y el ‘nascut de pares desconeguts’. De ahí sale en esa lengua borderia, que es la casa de beneficencia donde son recogidos los bords. En el origen de ese bord está el latín burdus, ‘mulo’.

Inicialmente, pues, el borde era el bastardo, como indica Nebrija ya en 1495. Un siglo después, en 1611, Covarrubias entra en detalles: «Significa algunas veces el hijo nacido de mujer no legítima, y aún más en particular de la que ha tenido ruin fama, por haber sido común a muchos».

Según un viejo dicho, «El hijo borde y la mula, cada día se mudan», lo que demuestra, según José María Sbarbi, «la poca estabilidad de obras y palabras en la gente rústica y mal nacida».

En cualquier caso, es recomendable ser prudentes y no hacer méritos para que nos digan aquello de «No seas borde», pues nunca estará claro si ese borde se emplea con el sentido de ‘impertinente’ o con el que le daba Covarrubias, más cruel.

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