Javier Niembro y Fernando Fernández son dos claros exponentes de la potencia de la inteligencia cabraliega en el mundo. En realidad, son como dos piezas de un puzzle que ensamblan a la perfección, y que juntas componen el mapa de Cabrales (y por tanto de Asturias), desde un lado y desde el otro de ese gran océano - el Atlántico  - que nos es tan familiar.

Ambos pivotan su amistad y su flujo creativo personal sobre un concepto y un sentimiento llamado Asiegu, esa aldea pensada que acaba de recibir el galardón de Pueblo Ejemplar de Asturias.

Javier es una especie de Estrabón contemporáneo, con una vocación rotunda al medio rural y natural, y un conocimiento profundo de la ancestral cultura en la que ha nacido y se ha construido como persona. Extremadamente humilde, es un ejemplo de superación. Una mente preclara que, a basa de trabajo, cohesión familiar y notables dosis de imaginación, ha sido capaz de poner Asiegu, su aldea, en el mapa del mundo, con total realismo, espontaneidad y orgullo de pertenencia a una comunidad rural, donde la supervivencia ha sido el principal reto durante siglos.

Fernando es un intelectual alejado de cualquier actitud pretenciosa, con un toque de humor e ironía inteligente que te hace sentir en sus obras como en el hogar soñado. Un poeta que combina el lirismo más sublime con la motivación por la investigación. En su obra “Oriundos” se convierte en un rapsoda de la memoria dramáticamente extinguida en medio de silencios, olvidos e indiferencias. Se convierte en la voz de una sabia longevidad que asalta las caleyas de Asiegu como un ‘regatu’ que no se resigna a secarse, sin antes dejar la huella de su curso acuoso.

Bueno, pues resulta que el otro día en el lobby del Hotel de la Reconquista, el día de la entrega de los premios Princesa de Asturias, tuve la fortuna de coincidir con ellos dos. Acudieron allí con el firme propósito de hablar de Asiegu y sus muchas singularidades, y lo hicieron francamente bien.

Pero lo que más me llamó la atención fue su actitud de discreción extrema, exenta de todo personalismo y protagonismo, algo que escasea en estos tiempos donde el ego desmadrado es una de las patologías más extendidas en los distintos modelos de convivencia humana.

Javier casi se escondía detrás de la columnas entre entrevista y entrevista, y me comentaba que un campesino como él se sentía un poco fuera de lugar en tan sofisticada convocatoria. Fernando, más de lo mismo, hasta tal punto que durante un rato se escabulló de la cita, y se fue a preparar su maleta para partir hacia Asiegu esa misma tarde.

Entre risas y anécdotas, Javier Niembro y Fernando Fernández se me antojaron los dos cabraliegos más escurridizos que conozco (y conozco unos cuantos). Tanto es así que pensaba yo para mí que si existiese una especie de Mosad a la cabraliega, ellos dos serían una especie de agentes tan invisibles como eficientes…

Y es que la verdadera inteligencia suele pasar de puntillas, sin estridencias, como si fuera una bailarina clásica sobre un romántico escenario. Y siempre con una cultura del esfuerzo y virtuosismo técnico al más alto nivel, algo que la hace imprescindible para seguir la senda de la verdad…

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Dos cabraliegos escurridizos