Los abogados del diablo


La de cosas que se pueden hacer con un teléfono móvil. Pareciera que estos dos señores estén jugando a ver quién caza más pokémones por Bruselas adelante. O a lo mejor no les van los monstruitos de bolsillo, y están entretenidos leyendo los mensajes que otros monstruos, los CDR, intercambian con su cliente. El cliente responde —es un decir, porque anda bastante fugado—al nombre de Carles Puigdemont. Ellos son Paul Bekaert, el de la toga, y Gonzalo Boye, el de la bufanda-soga. El uno ejerció de abogado de etarras. El otro, de narcos. Fue, además, condenado por colaborar en el secuestro del empresario Emiliano Revilla. Ni para ensuciar currículos se ve que existen límites. Estaba escrito que el destino natural de estos licenciados era que un demócrata a la fuga contratara sus servicios. Pues dime quién te defiende y te diré quién eres.

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