La cara en la papeleta

Xandru Fernández
Xandru Fernández REDACCIÓN

OPINIÓN

Todos contra Sánchez. El único debate electoral de los cinco candidatos a la presidencia del Gobierno, organizado por la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión y del Audiovisual, fueron más de dos horas de interpelaciones a Pedro Sánchez en cada uno de los cinco bloques temáticos en el que fue dividido: cohesión de España, que lo inició Sánchez; política económica, abierto por Pablo Iglesias; política social e igualdad, que estrenó Albert Rivera; Calidad Democrática, en el que Casado llevó la iniciativa; y política internacional, que desplegó Abascal
Todos contra Sánchez. El único debate electoral de los cinco candidatos a la presidencia del Gobierno, organizado por la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión y del Audiovisual, fueron más de dos horas de interpelaciones a Pedro Sánchez en cada uno de los cinco bloques temáticos en el que fue dividido: cohesión de España, que lo inició Sánchez; política económica, abierto por Pablo Iglesias; política social e igualdad, que estrenó Albert Rivera; Calidad Democrática, en el que Casado llevó la iniciativa; y política internacional, que desplegó Abascal SUSANA VERA | REUTERS

06 nov 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Estamos en campaña. De modo que al final de este artículo les revelaré a quién pienso votar el 10 de noviembre y les pediré probablemente que hagan lo mismo que yo. Pero, con ser importante, no es eso lo más urgente. O sí, pero indirectamente. Trataré de explicarme. Durante el último debate de investidura, el pasado mes de julio, un individuo con el que procuraría no coincidir a solas en un ascensor sostuvo en el Congreso de los Diputados que, a partir del 11 de marzo de 2004, se puso en marcha un proceso para destruir España en el que participan los separatistas catalanes, ETA, Maduro, Pedro Sánchez y, en última instancia, «las voceras del feminismo supremacista». Lo hizo sin que nadie le interrumpiera, ante las cámaras de televisión, y lo hizo porque a casi tres millones de votantes les pareció buena idea hacerle diputado.

Eso es lo doloroso, pero no tiene cura. Vivimos rodeados de personas que en su entorno más cercano pueden ser de trato agradable, compasivas, solidarias, amables y generosas, pero que ante ciertos estímulos muy concretos reaccionan como si les hubieran pinzado el nervio ciático. Oyen «Cataluña», por ejemplo, y saltan. Oyen «cambio climático» y se crispan. Oyen «feminismo» y su capacidad de juicio se pone en modo avión: se lanzan a balbucear como posesos una retahíla de topicazos que muy poca gente con un mínimo de formación repetiría si se la fuerza a dialogar serenamente, con la razón en una mano y una cerveza en la otra. No descarto que muchas de esas personas sean capaces de dialogar serena y razonablemente, pero votan como si solo hablara en ellas la cerveza.

Votan a personajes que creen que la democracia está obsoleta, que violar a una chiquilla entre varios adultos es una hazaña para presumir por WhatsApp y que Franco mató pocos rojos. Así estamos a la altura de 2019. Entre tanto, los barrios se llenan de casas de apuestas, las calles se llenan de riders sin contrato, los pueblos se vacían de gente y los polígonos industriales aspiran a que los cataloguen como especie protegida mientras las multinacionales se llevan sus equipos a países con salarios aún más bajos y el mar y el aire siguen acumulando mierda. Pero nada de eso entra en las agendas de los partidos porque están más preocupados riéndoles las gracias a unos hombres muy hombres que se sienten desprotegidos y perseguidos por las feministas. Es más barato eso, y más sencillo, que gobernar para la gente corriente que lo pasa mal a diario.