A ver si pasan las elecciones y los políticos se relajan, porque algunos están entrando en fase de desatino. Y no escribo de desvarío para no faltarles al respeto. Hablan tanto, que pueden correr el riesgo de no mantener un discurso coherente con todo lo que habían dicho antes. Pienso, por ejemplo, en don Pedro Sánchez, que ayer fue entrevistado en Radio Nacional de España y descubrió cuál es su «perro Lucas» para traer a España a Carles Puigdemont para que sea juzgado por la Justicia española: el fiscal. El entrevistador llevó al micrófono sus dudas y Sánchez le preguntó a él: «¿De quién depende la Fiscalía?» «Del Gobierno», respondió tímidamente el periodista. «Pues ya está»”, sentenció el presidente en funciones.

Y ya está montado el lío. Fíjense cómo tituló El Periódico de Catalunya en su web: «Sánchez niega la autonomía de la Fiscalía». Otro que mete la mano en el avispero. El mismo señor Sánchez dijo muchas veces que la Fiscalía es autónoma. Ayer se le recordó mucho una frase cuando se discutía si el procés era rebelión o sedición y Esquerra Republicana le pedía un gesto para apoyar los Presupuestos: «La legalidad es la autonomía de la Fiscalía». No podía decir otra cosa, porque así figura en el Estatuto del Ministerio Fiscal. Ahora, siguiendo las palabras del presidente en funciones, podemos hablar de una legalidad de quita y pon. O de una autonomía tipo Groucho Marx: estos son los principios de la Fiscalía; si no le gustan, tengo otros. Los otros son que los fiscales dependen del Gobierno.

Lo tremendo es que el destino de Puigdemont no depende de ningún fiscal, sea o no sea autónomo. Y menos, de un fiscal español. Depende de un juez belga, que adoptará una decisión en diciembre y de momento le dejó un notable período de tiempo al fugado para que prepare su defensa. España no puede siquiera estar en la vista y su tarea de acusación es asumida por un fiscal también belga. Y, en cuanto a los delitos por los que Puigdemont puede ser entregado a España, depende de que el delito de sedición figure o no figure en los códigos de Bélgica. Es decir, que puede ser entregado solamente por malversación. Esas son las normas, qué le vamos a hacer.

Naturalmente, todo eso lo sabe el presidente. Si ahora dice estas cosas, tiene que ser por algún misterioso motivo electoral, pero ya vemos que equivocado. Sánchez ya sorprendió al propio fugado al mostrarse tan seguro de su extradición y le preguntó si pensaba secuestrarle. Ahora lo volvió a sorprender y la reacción del fugado fue decir que esto demuestra que en España no hay división de poderes. El señor Sánchez no tuvo su mejor día. Si Puigdemont depende de este «perro Lucas», puede dormir muy tranquilo en Waterloo.

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El «perro Lucas» de Pedro Sánchez