Crónica (anticipada) del domingo

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

marcos creo

07 nov 2019 . Actualizado a las 08:24 h.

Esta es la columna que no quiero escribir el domingo por la noche. La anticipo como exorcismo, con el propósito de conjurar los aciagos presagios que nos embargan a muchos en estas vísperas electorales. La suelto con el ferviente deseo de que los ciudadanos acudan en masa a las urnas, invaliden este texto de pe a pa y me sometan al potro de tortura por falso profeta.

Estas elecciones han servido para agravar la parálisis y el desgobierno. Desde abril había al menos dos puertas para escapar del bloqueo. La izquierda podía haber desatrancado la primera, con la ayuda necesaria de alguna fuerza independentista. No lo hizo porque Sánchez e Iglesias no se pusieron de acuerdo: el primero porque no dormiría tranquilo en tal compañía y el segundo porque se negaba a pernoctar en la caseta del perro. Del segundo acceso tenía la llave Albert Rivera, pero se opuso rotundamente a facilitarla: antes muerto que abrirle paso a Sánchez. Estas elecciones consumaron el suicidio anunciado de Rivera y tapiaron definitivamente la puerta de Ciudadanos. Y redujeron, hasta convertirla en un tragaluz, la puerta de la izquierda y el nacionalismo. Mal negocio para los españoles, pésimo negocio para la izquierda.

España más bloqueada que ayer y el fascismo en auge. ¿Me permitirán que, por una vez -nunca he utilizado el vocablo frívolamente ni en vano-, llame a Vox por su nombre? No le escuché a Abascal durante el debate ninguna desviación de los principios fascistas enunciados por Mussolini. Que Casado y Rivera escuchen la soflama con el ademán impasible, que no se atrevan a denunciar sus falsedades, que se afanen en blanquear ese discurso, que busquen puntos de encuentro con Vox, que lo acepten como socio y lo prefieran a otras fuerzas constitucionales, los hace acreedores del epíteto de «derecha cobarde» que les endilgó en su día el propio Abascal. El resultado, a la vista está: un negocio ruinoso para la democracia.

Las urnas han probado el error estratégico de Pedro Sánchez. Se fue a pelear al territorio abandonado por Ciudadanos y dejó desguarnecido su flanco izquierdo. Marchó a la conquista del centro, desatendió su hacienda y desmovilizó a los braceros que en abril gritaban «con Rivera no», es decir, con la izquierda sí. Aun se comprende menos su deriva sobre el conflicto catalán. Si el felón y golpista, el que vendió a España en Pedralbes, mereció el apoyo mayoritario de los españoles en abril, ¿por qué ahora se empecinaba en buscar, con retórica de grueso calibre y tics recentralizadores en materia educativa y medios públicos, hacerse perdonar por la derecha? Resultado: las ganancias obtenidas en el centro no compensan las pérdidas por la izquierda o los votos tragados por el sumidero de la abstención.

Hasta aquí el artículo. No quise guardarlo en reserva para la noche del domingo, porque quiero equivocarme en todos sus renglones. Porque deseo, aunque tenga que hacer penitencia, poder escribir: remató la interinidad, Vox queda reducido a la marginalidad, habrá Gobierno progresista y acertó Sánchez.