Pedro y Pablo, a la cama, juntos


Con el panorama de lobos que muestra la economía y tras la surrealista noche de los cuchillos largos con todos sangrando menos Vox, a este país solo le queda la gran coalición. Cualquier otro remedio sería perder el tiempo y una catástrofe más. Ojalá les diese al PSOE y al PP, a Pedro y a Pablo, un ataque de sentido común, aunque sea por los intereses de los maltratados votantes a los que quieren dirigir. Si no nos quieren llevar hacia la irrelevancia o la nada como país, tienen el deber moral de pactar entre ellos. Evitemos al público todas las anécdotas del 10N y vayamos a la única categoría que ofrecen las grandes cifras. Podían votar 37 millones. Lo hicieron a pesar del hastío más de 24 millones. De esos, la mitad de las papeletas fueron para los socialistas y los populares. No les queda otra que entenderse. Madurar, meterse en cama y levantarse por la mañana como si fuesen alemanes en vez de patéticos españoles. Representan a la mitad de este país. La otra mitad son reinos de taifas, banderías insurrectas, tipos que solo se preocupan de qué hay de lo mío, cuando no golpistas o ultras. Sánchez perdió 800.000 votos con su disparate de volver a urnas. El PP subió 700.000, pero a su lado se ubicó Vox como un vampiro que mete miedo. No miren más los datos del menudeo. Dejen el estraperlo de sumar a Sánchez, el ingobernable, con Pablo Iglesias, el odiador de Amancio Ortega, y con Íñigo Errejón, el mínimo. Que se acaban las componendas con los pitufos del mapa electoral, con los catalanes que quieren romper España y los vascos que quieren el dinero de España. Que el PSOE y el PP ejerzan de una vez su alta responsabilidad en este guirigay y que lleguen a los acuerdos que el Estado necesita para salir adelante en las peores circunstancias posibles, con la economía otra vez golpeando a las familias. Que piensen en nosotros y desbloqueen esto a lo grande. Entierren las dos Españas con 208 diputados. Sin más componendas. Sin más convocatorias electorales. Con altura de miras. Al futuro se va por Alemania. No queda otra. Doce millones de españoles no quieren un gobierno progresista de retales, vendido a los independentistas catalanes.

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