De resacas, Rosalías y culpas


Me he levantado flamenca, que es algo muy de resaca electoral, y así de buena mañana le he preguntado a un amigo, simpatizante socialista él, que de quién cree que es la culpa, mayoritariamente, del ascenso de VOX. Su respuesta, cuasi inmediata, ha sido decirme que «la respuesta la habían dado los votantes, a saber: Rivera (-47), Iglesias (-7) y Sánchez (-3)» (cito textualmente). Así que según este amigo, el 85 por ciento de la culpa del ascenso de VOX la tiene Ciudadanos. El pobre no sabía lo que le venía encima y tuvo que aguantar mi análisis a su respuesta, a la jornada electoral y a mi resaca.

He estado presente de manera directa, por mi trabajo (soy pianista en un burdel… No, no, es una broma típica y más vieja que el hilo negro de los periodistas), en las últimas campañas electorales. He visto el tipo de personas que acuden a los mítines de uno y otro partido y he fruncido el ceño mirándolos para intentar distinguir bien lo que estaba viendo. Un fruncir el ceño que también se ha repetido ante la pantalla del ordenador y las disquisiciones de seres humanos de toda clase y condición que tengo en mis redes sociales.

Mis conclusiones (que seguramente habrá quién diga: ¿Y qué me importan a mi tus conclusiones? Pues hijo, no sigas leyendo que nadie te obliga) son:

Sí que ha habido flujos de votos en la derecha de un partido a otro. Creo que una masa muy importante (para mi y mi visionado la gran mayoría) de votantes de VOX provienen de filas populares. Votantes conservadores, de derechas, católicos y firmes defensores de la unidad de España que siempre fueron fieles al PP porque no tenían otra opción pero que  ahora  que sí la tienen, uy, se van.

Son votantes que se sienten traicionados por el Partido Popular. Por los casos de corrupción, sí, pero también creen que han sido vendidos desde un punto de vista ideológico. Porque el PP, cuando gobernó, no cumplió con lo prometido en temas que para ellos son, insisto, ideológicamente importantes. Y nos podemos acordar aquí de muchas cosas, pero vamos a apuntar dos: La lucha contra la ley del aborto y la lucha contra la ley del matrimonio igualitario. Dos caballos de batalla que el PP cabalgó en su momento, liderando manifestaciones multitudinarias incluso, pero que a la hora de la verdad ya en el poder, dejó amarrados en la cuadra sin mirar mucho para ellos no fuera a ser. Esos votantes populares no sabían ni qué decir viendo la dejadez de su partido en temas de conciencia y aún menos cuando se dejó caer, en esta carrera, a algún jinete considerado un gran valor, como Alberto Ruíz-Gallardón.

En este medio tiempo en el que el PP dejó de lado parte de su ideario conservador para centrarse en otras cosas (esto da para otra disquisición) apareció Ciudadanos y fue, al menos dos elecciones, una posibilidad de alternativa bastante potente que hizo temblar los cimientos de la sede de Genova.

Ciudadanos, un partido moderno, joven, sin corruptelas que ensombrecieran su día a día y además surgido en Cataluña. Era, ahora lo sabemos, la Rosalía de los partidos políticos del centro derecha a la que todo el mundo escuchaba, a la que ponían en todas las radios, con la que todo el mundo bailaba… Malamente.

Y sí, claro, los de Albert Rivera tuvieron la oportunidad en la mano de ser, para el PP, lo que Podemos para el PSOE: Una alternativa clara.

Lo fueron y mucho, pero en algún momento del último año: ¡Plof!  Después de ganar las elecciones en Cataluña, después de ser comodín de gobierno para el PSOE, después de ser la llave de todas las puertas de ayuntamientos y diputaciones y comunidades autónomas y hasta el mismísimo cielo, perdió el aura de los ganadores y ya no hay nada que parezca que puedan hacer sus dirigentes. Ahora, en este mismo momento en el que lees esto, si es que has llegado aquí, Ciudadanos lucha por no desaparecer. Uno de los giros de guión más fascinantes de la última época política.  Estaréis conmigo en esto.

Espera, espera, espera un momento… ¿Ciudadanos es al PP lo que Podemos fue al PSOE?.

A ver, no se debe negar que Podemos tuvo su momento Rosalía y que hubo un tiempo en que sus dirigentes parecían tener el don de la ubicuidad. Pero también es cierto que los de Pablo Iglesias tuvieron que aguantar una campaña mediática, «opinativa»,  económica, analítica y política feroz contra ellos por parte de los poderes fácticos de este país algo que, en ningún caso, tuvo que soportar Ciudadanos. Y sí, es cierto que la pérdida de fuelle de Podemos dio alas, ciertas alas, al PSOE en los últimos tiempos pero cuatro comicios después y pese al descenso de apoyos y de representación, lo que objetivamente se puede afirmar es que el proyecto podemita es mucho más consistente que el ciudadano. Y que pese a todo ellos  ahí siguen. Resistiendo.

La resistencia congratula a los entregados defensores de la formación que lidera Pablo Iglesias pero debería preocupar al socialismo. Y si no preocupar, al menos convencer de que en ese nicho de mercado votante no tienen nada que hacer. Porque después de cuatro elecciones es evidente que lo que el PSOE va a tener difícil recuperar el amor de los cientos de miles de votantes que aún conserva Podemos. Vamos, que si no lo ha hecho ya… Yo me daría por enterado.

Dicho todo esto, y con resaca y todo (os juro que a mi me duele la cabeza) apuntamos una conclusión general: La división en la izquierda es mucho más ideológica que en la derecha. Y una conclusión más particular: La izquierda o se sienta a escucharse y a mirarse las bondades o se mata. Pero que haga algo ya.

De momento, en esta jornada en la que me voy a tener que tomar un ibuprofeno del clavo que tengo en la cabeza y todo, yo solo he leído y escuchado a unos decir que la culpa del ascenso de la ultraderecha, del bloqueo y hasta de los argayos en Playa España, es de los otros.

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