Fríos desvaríos

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

17 nov 2019 . Actualizado a las 09:54 h.

Por fin ha llegado el frío de verdad, de los de nieve temblona, mocos generosos y abrigo agradecido; esos que alientan el placer exquisito de leer un buen libro frente al fuego. El frío es centrípeto y el calor centrífugo, por eso las gentes caseras disfrutamos más del frío que aquellas que tienen la sala de estar en el bar o, simplemente, nunca leen.

Hay una memoria ontológica del frío cavernario guardada en nuestra amígdala cerebral, y otra asociada a él que revive el placer de entrar en la cueva con el fuego humeando dentro del hogar. Debe ser eso lo que le da al frío cierta connotación confortable.

El frío es una sensación generada por un complejo mecanismo neurofisiológico pero que tiene matices según dónde, cuándo y con quién se perciba; no es lo mismo un frío seco de bajo cero con el sol del mediodía dándote en la cara que ese frío de sótanos que empapa los huesos de una humedad verdosa.