Redacción

Este año la Federación de Fútbol ha decidido que la semifinal y la final de la Supercopa se celebren en Arabia Saudí en enero de 2019. Quizás podríamos pensar que se ha decidido para mantener a los jugadores alejados del frío invernal, sin embargo nada más y nada menos que 120 millones de razones son las que han entrado en juego. Los Reyes Magos vienen de oriente, y si no ya se les va a buscar.

Se produce un importante conflicto de intereses entre los señores del fútbol por un lado y la ética, la moral y el sentido común por otro. Contraviene la Federación incluso un mandato de la UEFA donde recomienda que no se juegue en aquellos países que no permiten la entrada de mujeres al campo en igualdad de condiciones. Analicemos esta recomendación llena de bohonomía pero que también abre las puertas a las justificaciones y a los lavados de cara.

Esta recomendación solo concierne al ámbito propio de competencia de las autoridades futbolísticas. Solo fija el punto de interés en lo que ocurre dentro del campo. Qué es lo que sucede tras las puertas es otro cantar, otro lamento diría yo. Esta cínica recomendación ha dado margen para una supuesta negociación por el bien de las mujeres y algunas declaraciones en los medios de comunicación hechas por directivos del fútbol a los que solo les falta exigirnos que les demos las gracias por lo mucho que se preocupan por las mujeres.

Así esta cita deportiva se convierte en una oportunidad hacia la igualdad real de las mujeres en Arabia Saudita, porque han pactado que las mujeres tienen acceso libre a todos y cada uno de los espacios del campo de fútbol. Acabáramos. Han dicho además que parte del dinero lo destinarán al fútbol femenino y al futbol modesto, bonito eufemismo como si el fútbol femenino no fuera modesto. No vamos a entrar en la situación de las mujeres en el futbol profesional que ha provocado una huelga en el sector, para tanta desigualdad injusta no da este artículo.

Y se quedan tan anchos. Y nos dicen que es por nuestro bien, que son los salvadores de las mujeres sauditas porque el batallón de mozalbetes españoles va a hacer que sus derechos sean respetados, eso sí puertas adentro. Porque se van a poder sentar en la grada. No pensemos en cómo irán vestidas, porque tenemos que respetar culturas y costumbres, aunque estén basadas en la explotación de las mujeres.

De lo que pasa puertas afuera vamos a olvidarnos. Vamos a olvidarnos de todo lo que está denunciando Amnistía Internacional. Obviemos la restricción a la libertad de expresión, de asociación o de reunión. Olvidemos a las personas activistas pro derechos humanos ejecutadas, y los procesos y juicios sumarísimos sin garantías. Obviemos las torturas y los malos tratos. Para qué fijarnos en la discriminación sistémica de género en las leyes, los crímenes de guerra contra la población yemení, a las mujeres encarceladas por adulterio, a los homosexuales perseguidos y retenidos. No hay qué preocuparse de las penas de muerte ni de las ejecuciones, porque claro no las hacen públicas. Eso sí, las mujeres podrán entrar a ver a los futbolistas, siempre y cuando cumplan con algunos requisitos previos, como el de pedir permiso; igual que lo tienen que hacer para estudiar, buscar empleo o viajar.

Es absolutamente indigna esta situación. Es aberrante, indecente y lo es más cuando intentan hacernos creer que porque veintidós hombres millonarios y privilegiados vayan a jugar allí, cobrando un dineral por entretener a otros hombres, también bien posicionados, y generar millones de euros en derechos de emisión nos va a ayudar en el camino a la igualdad. Quisiera ver jugadores que se nieguen a jugar, quisiera ver radios y televisiones que no retransmitan ni emitan ninguna información sobre estos encuentros. Quisiera ver a los socios de los clubs indignados y quisiera ver que las compañías aéreas y hoteleras no les dan cobertura. Quisiera un auténtico boicot social, porque esto es inhumano. Es un lavado de cara a una de las mayores dictaduras del planeta.

Eso sí, destaca la Federación de Fútbol que físicamente están relativamente cerca, entre cinco y seis horas de avión. Esto permitirá a los jugadores que puedan pasar el día de reyes con sus familias, qué suerte tienen. A buen seguro les darán los regalos a sus hijos e hijas, balones para ellos, muñecas y maquillaje para ellas.

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Por un puñado de euros