Hable con su partido, Pedro


Me ha gustado la frase de Pedro Sánchez en la Cumbre de la Empresa Familiar Europea: «No hay progreso económico duradero sin progreso social». Sobre ese principio se puede redactar todo un programa de gobierno, y eso es lo que se espera de su alianza con Unidas Podemos: unas medidas sociales que apuntalen las reformas económicas, o al revés, unas medidas económicas que lleven dentro medidas de avance social. Suena bien. Es más: un gobierno, y mucho más un gobierno de izquierda, no puede decir otra cosa cuando las estadísticas de familias en el umbral de la pobreza estremecen, y corren el riesgo de empeorar si la ralentización económica continúa y se sigue frenando el mercado laboral.

Ahora bien: para poner en práctica esa política, el presidente tiene que reconocer (y reconoce) que no lo puede hacer solo con sus 120 escaños. Las reformas económicas necesitarán el consenso del Partido Popular para que tengan duración en el tiempo. Necesitarán el beneplácito y la credibilidad del sector empresarial, sin los cuales es difícil que se anime a invertir. Y necesitará que sus socios de Unidas Podemos piensen lo mismo y con el mismo procedimiento: sin crispación.

¿Se dan esas circunstancias? El PP estuvo dispuesto a pactar al menos media docena de reformas de las llamadas «de Estado», pero se enfrió después de que hayan pasado diez días de las elecciones y Pablo Casado no recibió ni una llamada telefónica de la Moncloa. El empresariado tiene ganas de echar una mano por su propio beneficio, pero no acaba de fiarse de un gobernante que pasó de demonizar a Podemos a convertirlo en su compañero de alcoba. Es muy difícil, además, que la mayoría de los emprendedores bendigan una alianza con quien atacó ferozmente a los «poderosos» y al sistema constitucional. Y Unidas Podemos tiene que cambiar esa parte de su discurso basada en principios como aquel de «el miedo ha cambiado de lado». Donde Sánchez coloca las reformas sin crispación, los podemitas todavía no utilizan un lenguaje similar. Lo único que hizo Iglesias ha sido anunciar a sus militantes que renunciará «a algunas cosas».

Como no dijo cuáles, se ignora cuáles son. Y como se ignoran, políticos clásicos del bipartidismo, como Aznar o Alfonso Guerra, hablan de desastre o incluso de drama. Eso ocurre porque nada se ha explicado debidamente y hay razones para el miedo. Quizá lo primero que tiene que hacer el presidente es hablar con su partido y contarle la sustancia de la coalición, en vez de limitarse a pedirle el voto para aprobar la alianza. Porque hay mucha gente, entre la que se incluye este cronista, que piensa de esta forma: si Guerra y varios barones territoriales no se fían, ¿por qué me tengo que fiar yo?

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Hable con su partido, Pedro