Coalición Partido Socialista-Unidas Podemos ¿Para qué?


Redacción

La gran sorpresa que supuso en general el preacuerdo de coalición entre el Partido Socialista y Unidas Podemos, dado a conocer al día siguiente de estas últimas elecciones generales, viene ciertamente dada por la actitud farragosa que mantuvo Pedro Sánchez en los meses previos, pero también por la honda penetración que tiene el neoliberalismo en el establishment. Lo que debería verse como lógico y normal que dos formaciones de la izquierda del tablero ideológico -PSOE y Unidas Podemos- trabajen conjuntamente en un mismo gobierno del Estado, está levantando una polvareda mediática que explica el escaso avance democrático que hemos experimentado desde la ya histórica Transición del '78, e interpela a nuestra clase política para iniciar una segunda transición -o tercera, o cuarta, según sea el criterio de los diversos analistas políticos-, que haga frente a los déficits, miedos y complejos que nos asolan (¿o que se nos inculcan?).

El establishment español vivía muy tranquilo desde el final del franquismo hasta ahora, sirviéndose de un sistema lampedusiano de alternancia bipartidista entre el PP y el PSOE, sistema que el establishment no necesitó importar: le bastó con calcar el modelo seguido aquí entre los años 1874 y 1931 por Cánovas y Sagasta, que sirvió, entre otras cosas, para llevar a cabo la primera restauración borbónica. Cánovas y Sagasta nunca escondieron su amistad, y defendieron en esencia lo mismo, pues los partidos del turnismo amañado -el Conservador de Cánovas y el Liberal de Sagasta- llevaban adjetivos diferenciados con la única finalidad de embaucar a la ciudadanía y así poder utilizar una retórica algo distinta, pero que en lo esencial buscaba los mismos objetivos. Hoy, cerca de siglo y medio después, vemos que ese cambalache se repitió a lo largo de los últimos 40 años con el conservador Partido Popular y el socio-neoliberal PSOE; de ahí la esperanza que alumbra para muchos ciudadanos el multipartidismo que estamos viviendo (más allá de la irrupción de Vox) y la frustración que padece el establishment ante la anunciada coalición del PSOE con Unidas Podemos y sus acompañantes periféricos. Porque si ese gobierno conjunto llega a buen puerto, serán muchos los tabúes que caigan. En primer lugar, quedará claro que, por muchos peros que le encuentre, Unidas Podemos no pretende acabar con el sistema capitalista, ya que la breve historia de dicha formación política nos dice que su programa y discurso político no son sino los que orientaban la socialdemocracia de postguerra hacia el estado de bienestar. Y es que, francamente, todavía no se ha encontrado otro sistema convincente para sustituir al que conocemos como economía mixta de mercado y Estado, eso sí, bajo riguroso control por parte del segundo. Lo que está en juego hoy es si se avanza o se retrocede en derechos de la ciudadanía, en la ecología, en la igualdad de género, en el reparto del trabajo, en la igualdad de oportunidades al nacer, en la redistribución de la riqueza entre las personas de un país y entre los países, o sea, en la profundización de la democracia.

¿Y qué se espera del gobierno de la coalición que nos ocupa?  Si por fin Unidas Podemos asume las políticas sociales, en primer lugar y en grandes líneas, el nuevo gobierno debería dar los primeros pasos para desandar el neoliberalismo, que se concretarían en rescatar lo que ha pasado a manos privadas a través de ventas, adjudicaciones, cesiones, externalizaciones, etc., en materia de sanidad, educación y otros servicios públicos que en su día prestaba el Estado, el cual abarca también los ayuntamientos y CC.AA. En este sentido, cabe señalar que tal recuperación de los servicios públicos no sería una novedad, ya que, por ejemplo, en la Comunidad Valenciana el llamado Pacto del Botánico entre el PSPV, Podemos y Compromís ya ha dado sus frutos en esa materia.

Por otra parte, el gobierno de coalición objeto de estas líneas significaría el ensayo empírico de un gobierno estatal con un socio antineoliberal -Unidas Podemos- codirigiendo el país de la cuarta economía de la Eurozona, lo cual, dada la actual globalización neoliberal, dicho gobierno necesitará toneladas de audacia y pericia para enfrentar las fuertes presiones y maniobras que cabe esperar; y sobre todo necesitará mucho apoyo de la ciudadanía, con movilizaciones casi permanentes. En este sentido, el reforzamiento y tensionamiento de los militantes y simpatizantes de las formaciones políticas que respalden dicho gobierno, así como de otras entidades y movimientos sociales, deberían ser el eje central de trabajo de sus respectivos aparatos desde ya, y más allá de la formación del gobierno.

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