Boris va a aplastar a Europa

PA Wire dpa

Su palabra es no tener palabra. Gasta doble o triple moral. Cambió hasta de nombre. De niño era Alexander o Alex, pero en seguida apostó por su segundo nombre para distinguirse de los demás, algo que ha hecho toda su vida. Llevaba días diciendo por la Redacción que Boris iba a arrasar, como lo hará Donald Trump si le dejan volver a presentarse, pero había quien me negaba el verbo arrasar. Y arrasó. Tres motivos. ¿Conocen un tipo más inglés que Alexander Boris, criado en Eton y en Oxford? La gente, hasta en la isla, vota lo que ven como suyo, en este mundo global en el que cada vez nos quieren convertir a todos en fotocopias sin sabor propio. Dos. El rival era pésimo. No existía. El corbynismo, un comunismo atenuado, solo se lo creen hoy en día cuatro votantes despistados de Podemos. Y tercer motivo, por supuesto, el brexit. Se tiende a olvidar que casi 18 millones de ingleses votaron divorciarse de nosotros. Y Boris acertó desde el minuto uno encarnándose en el espíritu del brexit, como Dickens en el de la Navidad. Tiene 55 años. Nació el 19 de junio de 1964. Es un Géminis de pura cepa, camaleónico. Los que quieren despreciarlo ponen en el crucigrama de Boris la palabra atrabiliario. Los que lo adoran, con él no hay medias tintas, escriben carismático. Lo primero que hizo fue prometer un nuevo amanecer. Empieza a lo grande. Dejen de despreciarlo. Cuanto más lo hagan, pasará como con Donald, más subirá la libra y más se depreciará nuestro famélico euro. En Eton su mejor amigo fue el vizconde de Althorp, hermano de Lady Di. No olviden que fue un buen alcalde de Londres durante dos mandatos y tenía 44 años. Los escándalos le acompañan como su mascota, a la que besó delante de las cámaras el día de la votación. Pero él los adora y los utiliza para impulsarse. Nació en Nueva York y ese nuevo amanecer que promete será un giro bestial con descarado rumbo hacia Estados Unidos, que le espera feliz para el abrazo del oso. El buenismo de Europa, y de España (ay, Gibraltar), lleva las de perder en la batalla que viene. Demasiados a opinar y discutir frente a una apabullante mayoría absoluta en manos de un gigante rubio. Inglaterra nunca ha dejado de ser victoriana. O ya no recuerdan que Tony Blair se hizo de derechas para seguir ganando. No es un bufón. Es el líder de la City, una poderosa máquina de hacer negocios y dinero. Pobre y blanda Europa.

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