La corona y las butifarras


La Voz

Si alguna virtud ha de tener el príncipe Carlos de Inglaterra es la paciencia. El hombre lleva 68 años aspirando al trono de su madre. Si acaba siendo rey y lo hace mal, no podrá decir que le faltó entrenamiento. Es toda una vida, 68 años. En algunos lugares del mundo, son dos o tres vidas. En ese tiempo, en España podemos celebrar 180 elecciones generales. Ajenos al affaire español, Isabel II y Charles caminaban ayer tras la corona imperial del Estado. La reina parece concentrada en el discurso que va a pronunciar. El heredero contempla The Crown igual que el padre que mira al niño subido a un árbol, como si la fuerza de su mirada impidiese que cayese al suelo y se hiciera pupa. Esa mirada debe de ser parecida a la de Pablo Iglesias cuando pasa, de incógnito supino estos días, por delante del palacio de la Moncloa. Igual que la de Pedro Sánchez, visto el precio que Junqueras, Torra y Puigdemont han puesto a sus indigestas butifarras.

El ala dura de ERC gana terreno y logra paralizar las negociaciones con el PSOE

Fran Balado
De izquierda a derecha, Marta Vilalta, secretaria general adjunta de ERC; Gabriel Rufián, portavoz en el Congreso; Josep Maria Jové, presidente del Consell Nacional de Esquerra; Salvador Illa, secretario de organización del PSC; Adriana Lastra, portavoz parlamentaria; y José Luis Ábalos, secretario de organización del PSOE
De izquierda a derecha, Marta Vilalta, secretaria general adjunta de ERC; Gabriel Rufián, portavoz en el Congreso; Josep Maria Jové, presidente del Consell Nacional de Esquerra; Salvador Illa, secretario de organización del PSC; Adriana Lastra, portavoz parlamentaria; y José Luis Ábalos, secretario de organización del PSOE

Los secesionistas piden un nuevo gesto a Sánchez a través de la Abogacía del Estado

El Gobierno cumplirá la próxima semana ocho meses en funciones, asunto que nunca ha inquietado lo más mínimo a sus titulares. Sin embargo, en las últimas semanas se han desatado las prisas por cerrar la investidura casi hasta rozar lo ridículo, como la posibilidad de celebrar la votación el día de los Santos Inocentes o el de la cabalgata de sus Majestades de Oriente.

Las urgencias responden a la extrema volatilidad a la que está sometido el pacto del partido del Gobierno con ERC, que convierten para Sánchez cada día que dista hasta la votación, todavía sin fecha, en una auténtica travesía por un campo minado. Ayer estalló una, aunque todavía falta por ver cuáles serán todas sus consecuencias.

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