Año y gobierno nuevo, como todos

Enrique del Teso
Enrique del Teso REDACCIÓN

OPINIÓN

03 ene 2020 . Actualizado a las 18:55 h.

Es una paradoja que la repetición de las cosas sea lo que nos da impulso de cambio y renovación. Se suele bromear con que enero es un mes de propósitos, de dejar de fumar, de aprender inglés o de adelgazar. A pequeña escala nos ocurre siempre. Cuando nos distraemos oyendo una conferencia, cada cambio de apartado del conferenciante es un pequeño año nuevo con el que hacemos propósito de poner atención en lo que falta. Nuestro ánimo agradece los segmentos repetidos para tener la sensación de poder corregir el rumbo y renovarse. Los años son segmentos muy notables y este año viene subrayado por un cambio de gobierno que suena de verdad a un cambio de gobierno, al menos en lo único que pudo hacer un gobierno no constituido: en la retórica. Y suena a cambio por la reacción de la reacción, arrebatada y atrabiliaria como si efectivamente temieran cambios.

La música del acuerdo entre PSOE y Podemos es familiar. Quieren subir los impuestos a los ricos, que la competitividad de las empresas no se base en la rapacería, que los trabajadores recuperen derechos y que se suba el salario mínimo. Pretenden que los católicos no tengan el derecho de imponer a los demás una asignatura parásita de castigo mientras ellos hacen su catequesis en las aulas. Parecen entender que la contaminación sí mata y que desde luego las decenas de mujeres asesinadas cada año sí están, efectivamente, muertas. Quieren quitar los plazos judiciales inventados por Rajoy para que no hubiera tiempo de investigar los delitos de corrupción. Y más cosas de ese tipo. Es una música que nos suena, pero no de Venezuela ni de la guerra civil. Nos suena de Europa y de tiempos en los que se había aceptado que, para que los ricos fueran ricos y vivieran en paz, el aire debía ser respirable para todos, la salud fuera universal, la igualdad de oportunidades un derecho y la vejez con salario digno un hecho cierto. A lo que se dice en el acuerdo de PSOE y UP no se le llamó nunca revolución bolivariana ni revolución a secas, sino estado de bienestar. No es un experimento ni una audacia. Es algo bien conocido y hasta trillado.

Siguiendo con cosas trilladas, oímos estos días los truenos habituales de la derecha, los de siempre, los que resuenan en la historia de España y se mantienen por encima de repúblicas, dictaduras y monarquías. La patria está en peligro, los gobernantes elegidos son traidores, que alguien haga algo. Empecemos por el punto más crítico y más manipulado, el acuerdo con Esquerra y la cuestión catalana. El escrito que sustancia ese acuerdo expresa dos hechos que deberían sentirse como obviedades. El primero es que en el acuerdo no hay una negación taxativa de los propósitos de ninguna de las dos partes. Sánchez quería el apoyo de Esquerra y Esquerra quería dárselo; y ninguno de los dos quería que el acuerdo consistiera en renunciar a su postura en Cataluña. Que el escrito no estipule la imposibilidad de lo que pretende ninguna de las dos partes no indica que cada parte haya cedido ante la otra. Ni Sánchez concedió a Esquerra el referéndum de independencia y Esquerra concedió a Sánchez la renuncia a ese referéndum. El acuerdo contiene tres expresiones que deben ser bienvenidas, porque rectifican actuaciones infelices: política, democracia y ley. Fue una desdicha que Rajoy redujera el problema a actuaciones judiciales y no se hiciera política, en el sentido noble de esa palabra. Fue un infortunio la nula sensibilidad democrática que abrió en canal la convivencia en Cataluña y en España con respecto a Cataluña. Y fueron reaccionarias todas las expresiones y prácticas según las cuales la ley no era imperativa, porque entes inaprensibles como «la gente» o «el pueblo» o abstractos como el «mandato popular» estaban por encima de ella. El acuerdo dice que hay que un conflicto que requiere política. Y aunque el señor Revilla diga echar de menos a la Constitución, el documento dice textualmente que la comisión «actuará sin más límites que el respeto a los instrumentos y a los principios que rigen el ordenamiento jurídico democrático». Yo ahí leo que se exige respeto al ordenamiento jurídico.