La Constitución dice: «los miembros del gobierno serán nombrados y separados por el Rey, a propuesta de su presidente». Sin embargo, tal como se produjo la cadencia de nombres, parece que a los ministros de Podemos los nombró Pablo Iglesias y a los demás, Pedro Sánchez. Esa ficción terminará cuando el Boletín Oficial del Estado la publique la lista con la firma de Felipe VI. Hago esta referencia a la norma constitucional por dos motivos. Uno, porque las formas son importantes y sería pintoresco que Sánchez llegase mañana a La Zarzuela con sus propuestas y el Rey le preguntase: «¿algo nuevo respecto a lo publicado en la prensa?» El segundo, porque hemos asistido a un combate informativo entre Podemos y Moncloa para demostrar quién tiene más poder, mal indicio para el comienzo de una coalición.
Ahora lo que importa es la estructura, el tamaño y los nombres del gabinete. Las cuatro vicepresidencias han sido interpretadas como un intento de diluir la figura de Pablo Iglesias en medio de las tres vicepresidentas restantes. Si esa es la intención y si, como se dice, el líder de Podemos no fue informado, estamos ante el segundo mal indicio. «Juego de pillos», escuché ayer en la radio. Si se trata de nublar y deteriorar la presencia de Pablo Iglesias en el gobierno, a ver qué credibilidad y qué confianza puede tener en su socio.
Respecto al tamaño, el nuevo gobierno es grande, talla XXL, lo cual aumenta el gasto público. Pero no voy a caer en esa trampa demagógica. Me preocupa bastante más que, por razón de cuota (feminismo, Cataluña) o por complacer a los coaligados, haya que aumentar la plantilla; que, por defectuosa planificación, haya ministerios, incluso dos vicepresidencias, que duplican sus funciones; o que, por cumplir los compromisos, se creen ministerios de asuntos transferidos a las autonomías. Pienso en el de Consumo, que en la mayoría de las regiones no es ni una dirección general, sino una jefatura de negociado.
Por lo demás, este gobierno no tiene mala pinta. Con las excepciones de rigor, se trata de una correcta selección de talento. De los nuevos, me gusta la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Haya, que entiende de Europa y de comercio internacional, tan vital en este tiempo. Y me entusiasma ver en el gabinete y nada menos que en la Seguridad Social, a José Luis Escrivá. Como presidente de la Autoridad Fiscal Independiente (Airef) ha demostrado capacidad de control, libertad de pensamiento y rigor. Y además, no es catastrofista sobre el futuro de las pensiones. Ojalá no estropee todo esto la competencia por demostrar si Pedro es más pillo que Pablo o Pablo es más listo que Pedro. Ese es el mayor peligro de la coalición.
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