Del sí se puede a lo que se pueda


La composición del Gobierno muestra el difícil equilibrio en el que va a manejarse. Sánchez ha querido lanzar varios mensajes con los nombres elegidos. El principal va dirigido a Bruselas, los mercados y los inversores, para dejar claro que se mantendrá dentro de la ortodoxia económica. O, al menos, lo intentará. Calviño, González Laya, Escrivá, Ribera o Planas tienen un enorme crédito en la UE. Ninguno de sus ministros son precisamente bolivarianos ni comunistas, los epítetos con los que la oposición más asilvestrada tacha al Ejecutivo. Hay también un mensaje interno, destinado a su socio: Iglesias es uno más entre cuatro vicepresidentes y ocupará el lugar que le corresponde, importante, pero secundario. Desde el primer momento, Sánchez ha pretendido demostrarle quién manda. Pero estos son propósitos que habrá que contrastar con la realidad. El líder de Unidas Podemos ha designado ministros ante todo políticos, no técnicos como los citados anteriormente, y sabida es su propensión al protagonismo, el histrionismo y el impacto mediático. Aunque también es cierto que sabe que se la juega y que sus actuaciones van a ser miradas con lupa por el electorado progresista, que espera colaboración y lealtad. La demostración de que Sánchez no se acaba de fiar es que haya obligado a su socio a firmar un protocolo de funcionamiento que fija el límite de las discrepancias internas.

Podríamos decir que el nuevo Gobierno se moverá entre el «sí se puede», el lema de la formación morada, que significa más gasto social, y «lo que se pueda», es decir sin traspasar las líneas rojas de déficit que marca Bruselas. Y todo ello teniendo que aprobar unos Presupuestos que dependen de ERC, que ya los hizo descarrilar en su día.

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