Deconstruyendo la democracia


Redacción

Tiempo atrás conocí a dos hermanas. Una era lista. La otra, correspondientemente, tonta. Esta inversión se da a veces por los «caprichosos» emparejamientos de los pares de bases en las replicaciones de la molécula de ADN. La hermana lista no mostraba dones. Era vulgar. No percibí ningún repunte de su inteligencia. La tonta no lo era tanto por la escasez de ideas o análisis cuanto por su bondad. Se podría decir que era boba por bondadosa. 

La primera se las arregló bien. Salió bien parada de la mayoría de las encrucijadas que se le presentaron. La segunda, correspondientemente, resultó herida, muy herida. La miraba y miraba en realidad a una soldado mutilada y tuerta por las batallas liberadas en la guerra de la vida.

Estoy incapacitado para responder por qué vienen a mí las experiencias que tuve con estas hermanas precisamente cuando trato de mostrar cómo se está deconstruyendo la democracia en este país. Pero es palmaria la intersección, que, a fin de cuentas, es lo que importa para el desarrollo de lo que sigue.

Destejer el manto de una democracia no es fácil. Sin embargo, en el pasado y en el presente, no es difícil cuando se pone afán, y no estoy pensando en sables desenfundados por generales o coroneles. Pienso en España. Y es ahora donde cabe proceder a tejer, justamente a ese destejer, la oposición hermana lista, hermana tonta.

Si estoy en lo cierto, al menos si consigo con la exposición de hechos abrir una brecha en el contorno que oculta el desmontaje de la división de los tres poderes del Estado y la división del propio Estado, brecha por la que otear el dintorno donde se está perpetrando el retorno a la dictadura; escribí, si estoy en lo cierto, o en las proximidades, de esta deconstrucción, en el lado de la hermana lista se situarían Pedro Sánchez y Pablo Iglesias y en el de la hermana tonta, sus votantes.

Téngase no en cuenta, sino muy en cuenta, que no archivo a todos los votantes del PSOE y Podemos en el anaquel «Tontos», pues en él no tienen cabida, por pertenecer a otra materia, quienes obtienen beneficio personal. Una segunda consideración, todavía a tener más en cuenta, es que los incluidos en ese anaquel son tontos, pero en el sentido estricto de «buenazos» y sus múltiples acepciones, más o menos concomitantes: «idealistas», «ingenuos», «solidarios», «personas de bien», «misericordiosos», «utilizables».

Esta perspectiva ha de sustituir del archivo el título de «Tontos» por otro, por ejemplo, «Bien Común», contradistinto al socialismo gasificado de Sánchez y al comunismo prostituido de Iglesias, causantes de procesos graves de malestar estomacal y arcadas que hacen imprescindible el «vomitorium» romano.

Ahora bien, ¿qué me respalda para sostener que este Gobierno está deconstruyendo la democracia y erigiendo paralelamente un régimen despótico-populista? Habré de recurrir, muy brevemente, a auscultar a los tres poderes del Estado:

1) Poder Judicial: Así como Mehmed ll derribó en 1453 las imponentes murallas de Constantinopla con sus poderosísimos cañones, la artillería socio-podemista (obviamos la independentista por obvio) está que «echa fuego». La última andanada de proyectiles de gran calibre tiene por objetivo comparar a nuestros magistrados con los europeos, desacreditando a los primeros y acreditando a los segundos.

Resultaría largo ver caso por caso. Solo diré que hay, para unos y otros, para dar y tomar. Con todo y eso, la justicia española es la que está sosteniendo la demolición de la democracia española, que ha sido adjudicada, la demolición, por «concurso público» a la empresa Sánchez y Socios, S.A.

El nombramiento como Fiscal General de Dolores Delgado supone, sencillamente, que este organismo estatal, de un altorrelieve cercano a una escultura de bulto redondo, pasa a ser un ministerio más, una suerte de Ministerio de Justicia ll.

2) Poder Legislativo: Aquí, Mehmed ll ordena que varios cañones giren y apunten hacia la Carrera de San Jerónimo, s/n, donde se halla el Congreso de los Diputados.

Trasladar las reuniones del Consejo de Ministros de los viernes a los martes es restar un día a la semana el control al Gobierno por la oposición, amén de colocarle obstáculos para modificar, ampliar y reformular preguntas. 

Entiéndase que la oposición es aquella en la que no figuran ERC, Bildu, PNV, Más País y sujetos «sueltos». Porque a la inmensa mayoría del resto les han cosido en las ropas la letra (no escarlata) «F», de fachas, que, y no es casual, defienden al Poder Judicial.  

3) Poder Ejecutivo: De inmediato he de revelarlo pensando en quienes aún no han caído en la cuenta. Pedro Sánchez no quiere ser presidente de Gobierno, que formalmente lo es. Quiere ser presidente de España; o sea, Jefe de Estado, desplazando materialmente al rey, cuyo temple tiene igualmente que ejercitar dentro de su casa (un maniquí-modelitos con un soberbio carácter de perros).

De afinar más, señalando que de la conjura (Sánchez y Socios, S.A., Podemos Nicolás Maduro, los neonazis del PNV, ERC y JxC y los batasunos de Bildu y la CUP) para ocupar el «trono» no resultaría un Jefe de Estado, sino un Jefe de «Nación de naciones» (conclusión no sería jefe ni de la Comunidad de Madrid), cabe hablar de un individuo, Pedro Sánchez, afectado por una codicia ilimitada, patológica.

De no ser un enfermo, de no ser tratado por un equipo formidable de psiquiatras, Sánchez se despreciaría a sí mismo. La degradación personal a la que ha llegado daría pena a quienes lo conocen, pero la cuestión es que este enfermo de «sí» está arrastrando con él a un país que ha alcanzado cotas sociales de muy difícil detección hace unas pocas décadas.

España, incluso con desigualdades bochornosas entre sus ciudadanos y con déficits gruesos en áreas públicas, es una democracia de referencia. Con Rodríguez Zapatero, en el hemisferio sur respecto a Sánchez, tonto de enfrentarlo al Sánchez listo, las libertades nos situaron, no recuerdo si en el primer o segundo, tal vez tercer, puesto entre las naciones más liberales del mundo.

Desde el socialismo «buenazo», «tontorrón», en que me ubico, observar, comprendiendo, cómo un grupo de populistas en Madrid birlan la mirra de la democracia, cómo nacionalsocialistas y estalinistas en la periferia norte y este del país aterrorizan (poblaciones vascas y navarras, «campos de concentración» en Cataluña, señalamiento público y agresiones verbales a niños y adolescentes en los colegios porque se resisten a ser catalanizados), me golpean el alma (la sensibilidad, lo que de humano tenga), y, en consecuencia, no puedo por menos que acogerme al «me duele España», las desesperadas palabras de Miguel de Unamuno, palabras escritas, que pasaron a ser emblema de la desesperada Generación del 98. 

(Alguien me envío este dictamen del filósofo francés Jean d’Ormesson. «La ineptocracia es el sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y la riqueza de unos productores en número descendiente, y todo ello promovido por una izquierda populista y demagógica que predica teorías, que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a unas personas que sabe que son idiotas»).

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