Ministerio de comerse a los niños


A Pedro Sánchez le ha parecido que lo más prudente es colocar a un comunista al frente del Ministerio de Consumo. Los liberales ya están pidiendo las sales ante lo que consideran plantar un caballo de Troya en el centro del mercado. Una prueba más de la miopía que padecen los zelotes de esta doctrina, ya que una orientación de izquierdas en cuanto a derechos del consumidor no sería, precisamente, mala cosa.

La sociedad capitalista, su mantenimiento y supervivencia, depende del consumo. Algunos liberales de nuevo cuño aborrecen de regulaciones que puedan ponerle grilletes al mercado, pero no se dan cuenta de que esas mismas regulaciones son las que protegen a los clientes y les proporcionan mayor confianza a la hora de adquirir servicios y bienes. Por tanto, de todos los escenarios que quitan el sueño a los llorones color salmón, tal vez este sea el más inofensivo. A no ser.

A no ser que su verdadera visión de la sociedad de consumo esté basada en el abuso al comprador. En un mercado donde gente sin escrúpulos aconseja adquirir productos financieros de alto riesgo a personas con poca formación en ahorro. A no ser, en definitiva, que muchos defensores del capitalismo sean tiburones con piel de lobo, soñando con un mercado sin ley que les permita multiplicar el dinero de sus bolsillos mientras nos exponen a todo tipo de estafas.

Hasta el capitalismo salvaje necesita leyes. Pensar otra cosa es vivir en un mundo donde las vacas vuelan, el dinero cae de los árboles y la progenie de Ayn Rand siempre tiene razón. Sin normas que regulen el consumo, acabaríamos perdiendo cinco dedos al usar ese exprimidor de naranjas que anuncian en televisión.

Si me preguntan, no creo que poner a Alberto Garzón al frente de Consumo sea una decisión tan descabellada. Como decían en El cartero y Pablo Neruda, esta gente se come a los niños, por lo que habrán de ser grandes expertos en temas alimentarios.

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