Romanos go home


Cuarenta años después de su estreno, aquella comedia gamberra que se había estrenado en una versión original infrecuente en los cines de provincias se convirtió en la gran plantilla de la política patria. Justo cuando el bipartidismo saltó por los aires, encontramos en La vida de Brian una guía sorprendente de una lucidez pasmosa para seguir las tribulaciones políticas de una época nueva. El miércoles moría Terry Jones, uno de los seis Monty Python, director de la inmortal sátira sobre el origen del cristianismo y madre de aquel Brian convertido por error en hijo de Dios y salvador del mundo, como muchos otros ahora empeñados en redimirnos de nuestros pecados, aunque esos pecados sean solo los suyos.

Desconcierta la puntería con la que a veces la ficción predice una realidad previsible. Cada acontecimiento del presente tiene una línea de guion en los Simpson y casi cada secuencia de La vida de Brian describe algo de lo que nos pasa. La enfermiza pasión por los garrotazos de nuestra izquierda es idéntica a la que comparten el Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular: todos pasan más tiempo discutiendo entre ellos que enfrentándose a los romanos. Romanos invasores que apenas han aportado acueductos, sanidad, caminos, medicina, educación, vino y baños públicos, a los que en Judea quieren expulsar con pintadas con faltas gramaticales, Romani ite domun, Romanos go home.

Todo ese arsenal de lecciones filmado por el ahora desaparecido Terry Jones concluye con el mejor y más práctico de los epílogos: ya en la cruz, con todo perdido, lo más revolucionario es sonreír... Always look on the bright side of life.

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