Cita con Juanjo San Sebastián

Juanjo San Sebastián
Juanjo San Sebastián

Su postura vital inspira una serenidad total. Y es que Juanjo San Sebastián podría ser una sabia y curiosa combinación de monje benedictino enfrascado en su ora et labora, de místico y de pensador.

Su vida es un claro ejemplo de esa máxima que pocos practican en este mundo: no se trata de ser el mejor, sino mejor cada día, mejor en cada paso, en cada hecho, en cada sueño, en cada ilusión.

Este filósofo de las montañas explica de una forma tan poética y plena de sensibilidad su trayectoria personal que te acaricia el alma con sus cuentos, con sus frases, con su fantástica narrativa oral y escrita.

Introspectivo y comunicativo a un tiempo, Juanjo es un prodigio de naturalidad y humildad, un rapsoda que maneja los silencios y las pausas como nadie.

Su forma de contar te mete de lleno en el ritmo de un ochomilista, en la cadencia de sus pasos, en el aliento de sus anhelos, en el sentimiento eterno de solidaridad que inspira cada una de sus aventuras.

Juanjo es mucho más que un alpinista, mucho más que un deportista de élite, o que un amante de la aventura extrema. En realidad es un buscador de porqués, un ser capaz de bucear hasta el horizonte más profundo de las motivaciones humanas.

Aquel gesto ya histórico y épico en el K-2, cuando Juanjo trató de salvar in extremis la vida de Atxo Apellániz, exponiendo y poniendo al límite la suya, será para siempre un modelo de fraternidad que nos engrandece a todos, que nos hace más humanos, y con una conciencia más limpia y responsable.

A Juanjo San Sebastián no solo tendremos que agradecerle que sea un maestro que nos enseña a disfrutar de la comunión con la naturaleza, sino que su magisterio va más allá, y nos muestra la materia prima de la que está hecha nuestra arquitectura espiritual.

El otro día en Arriondas, cuando este vasco contundente, apasionado, comedido y discreto, vino a poner el colofón de la semana de montaña, tuve la sensación de estar ante un ser angelical.

No sé si me explico. Juanjo es tan humano que no parece humano, es como metafísico, como de otra dimensión.

Tal vez su dimensión es la de los seres de otros mundos. La de los seres que son capaces de bajar estrellas, de ascender montañas imposibles, de dar pequeños pasos a miles de metros que son un gran paso para la Humanidad. La de los seres que son capaces de volar, de amar la libertad, de enfrentar la soledad y el miedo, de vivir la amistad más allá de la vida y de la muerte…

Atxo, Miriam, Juanjo… Se me aparecen como una trinidad divina, como el sueño de una noche entre cumbres y firmamentos que no entiendo. Una trinidad con la quiero acariciar el cielo.

Una cita con Juanjo San Sebastián es un encuentro con lo etéreo y lo posible, en medio de la dulzura y la verdad.

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