El centro ha muerto


Paradójicamente, el único líder verdaderamente centrista que ha habido en este país provenía del franquismo y se llamaba Adolfo Suárez. Felipe González era otra cosa, un socialdemócrata pragmático que lideró la modernización. Aznar inició un interminable viaje al centro al que nunca arribó. El proyecto de UPyD se hundió por el personalismo y los errores de Rosa Díez, que ahora está sacando su lado friki, en línea con los planteamientos más ultras. Ciudadanos creó una alta expectativa de que, por fin, el centro tuviera una representación importante, incluso decisiva. Era el partido que pactaba con Susana Díaz en Andalucía y con el PP en otros lugares. Albert Rivera llegó a encabezar las encuestas antes de la moción de censura a Rajoy. Pero su fatal error de cálculo al jugarse el todo por el todo a liderar a las derechas para llegar a la Moncloa acabó en desastre. Un centrista nunca habría puesto el cordón sanitario a la socialdemocracia mientras pactaba con la ultraderecha. Y eso es lo que hizo por ambición. Resultado: de 57 a 10 escaños y a su casa, cuando pudo haber sido vicepresidente si hubiera pactado con Sánchez tras las elecciones de abril. El último movimiento de su sucesora, Inés Arrimadas, abogando por una alianza con el PP en Cataluña, el País Vasco y Galicia sin ser aún presidenta del partido, suena a claudicación y puede significar el fin de Ciudadanos. Al menos, su renuncia definitiva al centro político y su apuesta por integrarse irreversiblemente en el bloque de las derechas, en el que Vox es imprescindible para formar gobiernos. Con un PSOE escorado a la izquierda, que se ha coaligado con Podemos y depende de ERC, se puede decir que el centro ha muerto. Lo que es una mala noticia para nuestra democracia.

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