La rebelión de la periferia: la batalla que ya está aquí

OPINIÓN

04 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

El resultado electoral de Teruel Existe, las protestas del sector olivarero en Jaén o los disturbios protagonizados por agricultores extremeños en Don Benito, son todas ellas caras de la misma moneda. El malestar en los territorios periféricos de las grandes urbes metropolitanas se viene gestando desde hace tiempo, pese a la sorpresa generalizada con las que se ha acogido su estallido.

Las zonas agrarias y ganaderas están sufriendo lo mismo que en su día padecieron los obreros con la desindustrialización. En un tiempo en el que la polarización del empleo es la regla general de nuestros mercados laborales, en el que por un lado, existen grupos profesionales muy bien remunerados (como por ejemplo, los vinculados a las grandes tecnológicas) y por otro, empleos precarios, inestables y mal remunerados.

El geógrafo francés Christophe Guilluy afirma en su obra «No society. El fin de la clase media occidental» que sobre las ruinas de la clase media occidental —la cual se encuentra en proceso de extinción— conducido por categorías que ayer estaban social o culturalmente enfrentadas, pero que hoy comparten la misma percepción de la globalización, ha emergido el mundo de las periferias. Apartados de las grandes metrópolis, sin conciencia de clase, esos obreros, empleados, campesinos, trabajadores independientes, representan en el conjunto de los países desarrollados un potencial mayoritario a los que asola una doble inseguridad: una social, vinculada a los efectos socioeconómicos, y otra, cultural, vinculada a la sociedad multicultural.